Haizea

Haizea, nuestra protagonista, es una chica de 14 años, que entra en una etapa llena de problemas.

martes, 29 de noviembre de 2011

Capítulo 2: ¿¿Cristina??

Haizea estaba asombrada. No se consideraba ella. ¿Desde cuándo Iván sabía su nombre?, es más, ¿desde cuándo a ella le interesaba Iván? Su cabeza era una maraña de pensamientos. Había parado de llover, y en el cielo se podía apreciar un arcoiris de colores brillantes y vivos. Todo era bello y hermoso, tanto en la cabeza de Haizea, como en lo que pasaba a su al rededor, pero esa felicidad solo duró unos instantes, pues le empezaron a llegar ideas como: <No seré capaz de volver a hablar con él>, <¿Qué le digo a Cristina sobre "su chico">, <¿Lo qué acaba de pasar significa algo o es casual?>. ¡Estaba confusa! 
Intentando librarse de los pensamientos negativos buscó a Cristina con la mirada, normalmente iban juntas a casa, pero al no encontrarla salió corriendo del colegio hacia su barrio, no le venía bien que empezara a llover otra vez. 
Por el camino se encontró de nuevo con el Panadero Ricardo.
-¡Buenos días Señor Panadero! ¿Ya estás cerrando?
-Si Haizea, ya es la hora de comer. ¿Estaba bueno el almuerzo?
-¡Por supuesto! Estaba delicioso, como siempre- Dijo esbozando una sonrisa de oreja a oreja.- Y aquí tiene el dinero.
-Oh, no hace falta, ya te dije que al ser mi primer día os lo regalaba.
-¿Está seguro?
-¡Segurísimo! 
-¡Jajaja! De acuerdo. Bueno, me voy a mi casa que me estarán esperando- Dijo dándole un abrazo y, disimuladamente, metiéndole la moneda en el bolsillo del mandil.
-Hasta mañana guapa.- Gritó Ricardo mientras su pequeña amiga doblaba la esquina de la calle.
Unos minutos más tarde Haizea llegó a su edificio, cogió las llaves del portal, de las cuales colgaba un enorme llavero con forma de gato gris. Decidió no coger el ascensor, así que subió por las escaleras, vivía en un 4º, pero hoy estaba llena de energía. Entró en casa:
-¡Hola mamá!- Gritó desde la puerta a su madre, que estaba en la cocina.
-¡Hola cariño! ¿Qué tal el día?
-¡Maravilloso! Hoy un chi... es decir, hoy saqué un nueve en Sociales.
-¡Cuánto me alegro! ¿Ves como estudiar merece la pena?
-Si, supongo- Masculló Haizea mientras se le escapaba una falsa sonrisa.- ¿Qué hay de comer?
-Tú comida favorita cariño.
-¿Espaguetis?
-Ah... ¿que los espaguetis son tu comida favorita? Pues lo siento cielo pero hay guiso.
-Bueno, eso también me gusta... ¿Está ya?
-Si ya está listo, vamos a comer.
Haizea y su madre se sentaron a comer, su padre llegaría tarde y no podían esperar. Al acabar Haizea subió a su habitación y se conectó a Tuenti.
-<<1 mensaje privado>>- Leyó. Clicó en el enlace y vio que era de Iván. Dudó entre si abrirlo o no, pero era demasiada intriga, así que lo hizo.
<<Hola Haizea, scucha, t he dejado un regalito en l taquilla. Spero qe t guste, cuídalo.>>
""Mmm... ¿Un regalito? ¿Qué será? ¡¡Cuánta intriga!! ¿En serio tengo que esperar al día siguiente para averiguarlo? Pss... claro que no"". Otro mensaje de Iván interrumpió los enrevesados pensamientos de Haizea.
<<Pr cierto, Haizea, ¿hs oído hablar d l fiesta d disfracs qe celebrn esta noche en el colegio? M sorprend qe aún haya gnte qe no l sepa. Vent y nos vems allí. Tiens qe llevar una máscara y un disfraz. Bss>>
<<OK Ns vems allí, llevaré una máscara veneciana dorada y negra con algunas perlas blancs ;) A qe hora es esa fiest??>>
-Sí, ¡voy a ir perfecta!- Gritó Haizea mientras se levantaba a coger la única máscara que tenía. Era una que le había regalado Cristina en febrero de hacía cuatro años para que fueran iguales en carnaval. Le sorprendió que aún la tuviera. Era negra con una funda lacada en oro y doce perlas blancas perfectamente distribuidas por toda la máscara. Le hubiera gustado que fuera una de esas que tienen un mango, le parecen más originales, pero sin embargo, la suya era más comoda. Tenía una cinta negra que se ata por la parte de atrás de la cabeza y da un estilo muy femenino.
Haizea rebuscó en el armario y encontró una bolsa llena de disfraces. Encontró el que usó cuando tenía nueve años aquel día de carnaval con Cris. Era un vestido de época, mayoritariamente negro pero con una gruesa franja vertical dorada.
-Es increíble que lo guarde todo- Dijo Haizea para si con cara de incredulidad mientras lo admiraba de arriba a abajo.- ¿Me servirá?- Se cuestionó a la vez qe calculaba si cabría ahí dentro- ¡Averigüémoslo!
De repente Haizea se notó llena de energía. Se intentó poner ese precioso vestido. Al principio le costó un poco pero cuando logró su objetivo, corrió hacía el espejo. De repente, se cayó hacía atrás aterrizando en la cama de la emoción ¡Le quedaba perfecto! Todavía le servía pero le quedaba super mini. Un poquito más y ya lo tiraba, sin embargo, le encantaba. Se veía... guapa. Y, por una vez, se veía femenina y a la altura de las demás. Pero le faltaba algo, unos altos tacones dorados. Pss... ni uno.
-Mmm...- A Haizea se le encendió una bombilla en la cabeza. ¡¡SU MADRE!! Para algo tenía llenos cuatro zapateros.
Bajó las escaleras y se desplazó a gatas con ese mini vestido hacía la habitación de sus padres ¡Estaba tan sexy! Llevaba una pequeña linterna en la mano, no quería encender la luz, por si acaso. Entró sin apenas hacer chirriar la puerta y encendió la linterna a la vez que levantaba la lona beis que tapaba uno de los zapateros. Allí dentro había de todo, destacaban un par de zapatos turquesas elegantes con un lazo enorme y un tacón de 9 centímetros. Pero allí no encontró lo que buscaba. Se acercó al siguiente zapatero y levantó la lona. Allí estaban, unos hermosos zapatos dorados con un tacón alto, pero alto. No podía calcular los centímetros que medía. Dejaba el pie al descubierto, pues estaba diseñado para el verano, hecho de tiras brillantes que daban un aire embriagador. Haizea ahogó un grito y agarró los tacones. Apagó la linterna y salió a gatas hacía su cuarto.
Al llegar se probó los tacones. Tuvo bastante suerte al coincidir con el número de pie que usaba su madre. Pero le dejaba los pies a la vista así que penso en pintarse las uñas, ¿pero de qué color?
-¿De qué color pececitos?- Le susurró a la pecera. Y Perla, el pez negro, dio un salto en el agua. Pues de negro, pensó Haizea.
Rebuscó en su maletín haciendo mucho ruido con todo el maquillaje y encontró un bote de pintauñas negro con una etiqueta que ponía: <<Negro ceniza>>. Rápidamente se sentó en la cama y cuando pretendía empezar a embellecer sus uñas, oyó el ruido del chat de Tuenti. Se acercó al ordenador, era Iván, decía: 
-<<L fiesta es a ls 9 en el gimnasio. Yo voy a ser el d l máscara azul metálico con detalls lacads en plata. Ns vems allí>>
-<<OK, nos vemos en 1 hora en la fiesta ;)>>- Tecleó, emocionada, Haizea. Y acto seguido se desconectó de Tuenti para no tener más distracciones. Se sentó de nuevo en la cama y se dispuso a pintarse las uñas. Le uedaron preciosas, pero le tardaron bastante en secar, mientras tanto, se pintó también las de las manos. Ya eran las 20:30 cuando le secaron todas. Le quedaba poco tiempo para terminar de arreglarse así que cogió el maletín de maquillaje y se apresuró hacia el baño. Se puso una sombra de ojos dorada y se pintó los labios del mismo color. Hoy eran sus colores oficiales: Negro y dorado. Después se puso un poco de colorete, se hechó una colonia con aroma a chocolate, máscara de pestañas, se rizó el pelo un poco, le hechó laca y ¡voilá!
Llegaba tarde a la fiesta, de modo que cogió su bolso negro, metió el móvil, la máscara y las llaves. Luego salió de su casa sin avisar a sus padres. Sus tacones sonaban huecos en la acera de la calle. 
Quince minutos más tarde llegó al colegio, se puso la máscara y por encima del pintalabios, un brillo, al igual que la colonia, con sabor a chocolate. Cuando estaba a punto de entrar le sonó el móvil.
-¿Quién es?
-Soy yo, Cris. Tengo una cosa que decirte. ¿Sabes qué hay una fiesta de disfraces en el colegio? ¿Por qué no vamos?
-Eh... bueno...- Dijo Haizea intentando disimular que había ido sin avisar a su amiga.- Pero, Cris, empezó hace media hora y seguramente ya habrán cerrado la entrada.
-¡Qué va! ¡Si acaba de empezar ahora mismo!
-Pero cuando lleguemos ya habrá cerrado- Insitió Haizea.
-No creo. Yo había pensado en ponerme la máscara que usamos hace cuatro años en carnaval.
-Sí, es bonita. Pero mejor nos quedamos en casa, ¿vale?
-Vale...- Dijo Crsitina finjiendo rendirse.
-Chao Cristina.
-Adiós- Haizea colgó rápidamente al oir la despedida de su amiga, sabía lo que tramaba, como si no la conociera, pero no quería preocuparse ahora por eso. Se ahuecó el pelo, guardó su móvil y entró en la fiesta segura de si misma.
Todo estaba lleno de humo de colores y en el aire sonaba la canción de Lady Gaga, Bad Romance. Había varias mesas con comida y bebida. Haizea se acercó a una y se sirvió un vaso de agua. Quería sentirse ligerita. Bebió sorbo a sorbo para no borrarse el pintalabios. Varios chicos se acercaron a ella, la verdad es que iba maravillosa, pero no les hizo mucho caso. Se pasó la mitad de la fiesta buscando a Iván con la mirada. A las 21:45 lo vio entrar a lo lejos y se acercó poco a poco, quería que él la viera. Pero en lugar de eso se acercó a una chica con la misma máscara que ella.
-Siento haber llegado tarde- Le susurró a la desconocida. Ella no respondió- Dime, ¿has visto ya mi regalito?
-Pues la verd..
-Shh...Tranquila, me imagino que te ha gustado- Después de decir esto, Iván le dio un beso a esa chica. ¡Le dio un beso! Haizea lo vio a solo unos metros de distancia. ¿Cómo pudo? Pensaba que le gustaba yo, pensó Haizea. Se le cayeron unas lágrimas de los ojos estropeando a máscara de pestañas, acto seguido salió corriendo de a fiesta sin pensarlo.
Iván le quitó la máscara a esa chica.
-¿Cristina?- Gritó.

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