Haizea

Haizea, nuestra protagonista, es una chica de 14 años, que entra en una etapa llena de problemas.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Capitulo 3: Un pez a la lluvia.

Iván no podía creérselo. ¿Qué hacían Haizea y Cristina con la misma máscara? Se apartó bruscamente lo más rápido que pudo, y se giró. Cristina no lo acababa de entender muy bien.
-Oye, Iván, ¿te pasa algo?- Preguntó ella frotándole la espalda con cariño.
-¡Suéltame! ¿Qué estás haciendo, Cristina? – Apartó su mano con brusquedad.
-Ah, pues no sé. ¿¡Primero me besas y ahora me chillas!? ¿¡Pero tú de qué vas, tío!?-Cristina cruzó los brazos. Sin entender muy bien la situación, empezó a atacar a Iván- O sea, que soy un objeto para ti con el que te puedes divertir. O es eso, o eres bipolar, colega. Por que no me parce muy lógico lo que acabas de hacer-Chilló apuntándole con el dedo índice la espalda. Iván se giró molesto, y gritó a los cuatro vientos todo cuanto pudo.
-¡¡¡NO QUERIA BESARTE A TI, ESTÚPIDA!!! –Y apartó a Cristina de un brusco empujón. Todo el mundo los estaba mirando. Ella se sonrojó y fue corriendo al baño, donde empezó a llorar. No lloraba por tristeza, lloraba por la rabia de haber besado al chico que le gustaba, y que éste después le hubiese tratado tan mal. Lloraba de impotencia.
Mientras tanto, llovía. Haizea había recogido el regalo misterioso de la taquilla; un pez blanco, blanco como el de su dibujo.
Haizea se encontraba ahora por las calles. Estaba desabrigada y llorando. No era capaz de asimilar lo que Iván había hecho, y menos con su mejor amiga. A lo mejor todo había sido una burla suya, para darle falsas esperanzas.

Cuando llegó a casa, abrió silenciosamente la puerta, y subió haciendo le mínimo ruido. Se metió en la ducha, tenía que aparentar dar señales de vida, o sus padres y su prima sospecharían.
Sí, su prima. Sara, una chica dos meses menor que ella. Eran tan parecidas que solían confundirlas, por eso tampoco llegaba a creer que fuese una confusión de Iván. ¿Confundirle con alguien rubia? ¡Tenía que haberlo notado en la voz!
Se puso el pijama, ya eran las diez. Subió a su buhardilla, donde Sara usaba el ordenador.
-Hey- Saludó Haizea, intentando aparentar que era feliz- ¿Cómo va todo?- Sonrió.
-Bien- Respondió secamente Sara. No se llevaban ni bien ni mal, eran indiferentes cariñosamente.
-Esto…¿Llevas mucho tiempo en el ordenador?- Preguntó Haizea nerviosa.
-No, acabo de llegar. ¿Lo estabas usando?- Sara se giró. A Haizea le dio tiempo a pensar que se parecían muchísimo. Suspiró aliviada
-No, déjalo, úsalo tú, voy a darle de comer a los peces- Sonrió y bajó a la cocina a por comida para los peces.
Cuando subió otra vez ya con la comida de los peces, sonó una melodía lenta de piano, muy familiar para ambas chicas.
-Te suena el móvil.- Le dijo Sara.
Haizea rebuscó en el bolso lo más rápido que pudo. Era una llamada. Era un número desconocido, sería para alguna promoción.
-¿Sí, digame?- Preguntó ella, con su inocente voz.
-¿Dónde estás? ¿No has ido a la fiesta? –Iván. Era él. Haizea no sabía qué hacer. Su prima estaba allí, y quería soltarle todo.

Haizea se soltó el pelo nerviosa
-¡Claro que fui! Pero tú estabas demasiado entretenido como para fijarte- Insinuó.
-¿Có…como?- Preguntó Iván.
-¿Desde dónde estás llamando?- Preguntó ella. Tenía su número, pero era desconocido esta vez.
-¿Y eso a que viene? Es más, ¿a qué te referías antes?- Intentó disuadir el tema como pudo.
-Sí, si que viene, y no te pienso decir nada más hasta que me respondas.
-Haizea, ¿qué pasa? - Preguntó Sara, que se había puesto de pie asustada.
-Un momento- Cortó la disculpa de Iván, donde decía que le llamaba desde una cabina- Nada, un amigo, que está viciado a un juego virtual-Intentó mentir. Hizo un ademán con la mano para que le disculpase un momento, y fue al baño a hablar- Lo vi. Vi lo que hiciste. Me tenías delante. Podías haber dicho algo- Respondió ella.
Iván tartamudeaba cualquier disculpa, mientras ella hacía círculos con los ojos- Buenas noches, Iván, que descanses- Dijo secamente, y colgó el teléfono.

Abrió la puerta del baño, y Sara estaba allí, con una expresión seria.
-¿Quieres hablar?- Sonrió comprensiva.
-No, estoy bien. Como ya te he dicho, ha sido solo un juego-Haizea intentaba ocultar su enfado, pero era incapaz. Rompió a llorar cuan volcán. Sara le abrazó, y fueron a la buhardilla.

-Sara, me gustaba un chico…Un poco. Y éste ha besado a mi mejor amiga, en mis narices…- Contó sin detalles, entre sollozos.
-Oh…Lo siento mucho, Haizea…Ya verás, que si el destino quiere, os juntará. Sara acarició la cabeza de Haizea, que estaba sobre sus rodillas.

Decidieron por acuerdo mutuo apagar el ordenador y deshacer la maleta de Sara, que pasaría con sus tíos unos meses, ya que sus padres estaban ambos fuera del país por negocios.
A la mañana siguiente, Haizea caminaba con Sara hacia el colegio. Sus tios, los padres de Sara, ya habían hablado con el director del centro sobre un traslado de un momento a otro. Las dos caminaban con el paso decidido y con el uniforme puesto. Realmente, le quedaba bien a las dos.
Haizea suspiró antes de entrar al edificio, era miércoles. Aún le quedaba bastante tiempo para el fin de semana.
Sara le sonrió, y tiró de ella. Al llegar a clase, la primera hora tenían tutorías con la tutora, así que decidieron hacer la presentación de Sara.
Haizea llevaba todo el día evitando a Iván y a Cristina. Cristina intentaba evitar a Iván y arreglar las cosas con Haizea, e Iván intentaba evitar a Cristina y solucionar todo con Haizea.
En la hora de recreo, Haizea estaba sola. Miraba una descuidada y vieja finca a través de una verja. Alguien se puso a su izquierda observándola también.
-¿Cuántas veces debo disculparme?
Haizea sonrió con sarcasmo, y se giró hacia la voz.
-Tú no tienes que disculparte, Iván. En absoluto. ¿Por qué? Si conmigo no va el tema. ¿A mi que me importa que andes con Cristina? ¡Sed felices!- Y dicho eso, se giró para irse, pero Iván le agarró el brazo.

-Haizea, por favor, escúchame. Déjame al menos intentar explicarte el por qué.
-No hay nada que explicar, Iván.- Y dicho eso, se fue hacia un patio cubierto, donde estaba Cristina. Haizea se desvió hacia la puerta de los baños, pero Cristina ya estaba detrás de ella.
-¿Y tu prima?-Intentó suavizar la conversación.
-Está con los de tercero, jugando al baloncesto- Dijo secamente.
-¿Estás enfadada?- Preguntó Cristina.
-¿Yo? ¿Enfadada?- Haizea exageró la voz.
-Sí, te noto dolida, sufriendo.
-¿Sufrir yo? ¿Por qué? ¿Se ha ido internet?- Dijo irónica. Tocaba plástica, y la profesora ya había llamado a la fila.
Cristina quedó callada, nunca había visto a Haizea así.

Ya era la hora de irse a casa. Haizea caminaba con Sara, eran las cinco de la tarde y habían ido al comedor. Quedado en ir al veterinario, ya que el nuevo pez blanco no probaba bocado desde que lo había recogido.
‘El Karma , Haizea, esto es el Karma’ Se repetía una y otra vez.
Comenzó a llover. Pasaban justo por el porta, así que Haizea subió a por el pez, que estaba en una pecera a parte, más pequeña y solo, y a por un paraguas.
Cuando bajó, le sonó el móvil, era una melodía triste de violín; un mensaje.
‘Haizea, m he ido al parke, por qe llovía mucho y no tenia el paraguas a mano. Stoy sperandote en los recintos d patinaje.
1 Bso.
Sara . ‘
¡Perfecto! Su prima le había dejado sola. Para colmo, se había olvidado el paraguas y había comenzado a nevar. ¡Qué cabeza la suya! Nada más salir del portal, corriendo, tenía el pelo empapado, hasta que de repente, notó como la nieve cesaba.
-Hola.
Haizea levantó la mirada. Era Iván. Abrigándole con el mismo paraguas que la primera vez. Le tenía tan cerca que no podía enfadarse con él.
-Hola.
-¿Sabes que el agua de la lluvia no es buena para un pez?-Sonrió.
-Sí…¿Qué haces aquí?
-Quería explicarme.
-Te he dicho muchas veces que no hace falta, que seais felices.
-No quería besarle a ella.
-No, que va. Y ahora me dirás que este pez es un marciano.
-Pensé que eras tú.
-¿Qué?
-Tal y como me describiste la máscara, pensé que eras tú, Haizea.
-Ya…Pero eso lo dices ahora. No fue lo que dijiste antes.
-Entonces creo que sé la manera perfecta para arreglar esto-
Iván cogió la pecera con sumo cuidado. En su mano derecha estaba el paraguas, y en la izquierda la pecera. Haizea no comprendía lo que hacía. ¿Iba a hacer malabares?
En un momento, este se inclinó y le besó. Ella cerró los ojos, ahora sabía lo que era estar en los mundos de Yupi, literalmente.

-¡Haizea!
Ambos se separaron y se giraron hacia donde provenía la voz. Era Sara.
-¡Vamonos a casa ahora mismo!- Y sin aclarar nada más, cogió a Haizea del brazo, y le quitó bruscamente la pecera.
Una vez ya en el piso, y en la buhardilla, Sara comenzó un discurso que tenía demasiado bien preparado.
-¿En qué pensabas?
-Sara, no he sido yo.
-Ya lo sé, ha sido él. No es por ti, es por mi…Bla bla bla.
-¿En qué piensas tú ahora?
-En decírselo a la tia.
-Sara, no he sido yo, no me puedes hacer esto- Haizea comenzó a temblar.
-Puff…No sé…Solo hay una manera de que yo no se lo diga a la tia.
-¿Cuál? – Preguntó Haizea, creyendo en una esperanza.
-Son varias en una; que no te vuelvas a ver con Iván, y que hagas exactamente todo lo que yo diga.
Haizea empalideció, pero así hizo. Habló con Iván explicándole las condiciones de Sara. Los dos se habían abrazado, y lloraban en silencio.
Semanas... Y pasaron tres semanas desde que Haizea cumplía las órdenes de Sara. La mayoría eran de ‘Tráeme aquí, llévame allí, hazme esto de aquí'. La primera no afectó a Haizea, puesto que se hablaba con Iván por mensajes, pero su prima los pilló y también se lo prohibió. La segunda se fue acostumbrando pero la tercera se hartó de las ordenes de Sara y, un día, reventó.
-¡No pienso dejar que me mangonees así! ¡Somos primas!- Y es que era demasiado fuerte lo que Sara le pedía. Que le cogiese el mando de la televisión cuando ella estaba a pocos centímetros. Estaba en el sofá, y se levantó.
-Muy bien, tú lo has querido, ‘prima’. Ahora comprobarás que iba en serio.
-¡Sara, no, espera!- Intentó arreglarlo Haizea.
Sara se apartó el pelo de la cara, y con una sonrisa chilló:
-¡¡¡TIA!!!

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