Iván no podía creérselo. ¿Qué hacían Haizea y Cristina con la misma máscara? Se apartó bruscamente lo más rápido que pudo, y se giró. Cristina no lo acababa de entender muy bien.
-Oye, Iván, ¿te pasa algo?- Preguntó ella frotándole la espalda con cariño.
-¡Suéltame! ¿Qué estás haciendo, Cristina? – Apartó su mano con brusquedad.
-Ah, pues no sé. ¿¡Primero me besas y ahora me chillas!? ¿¡Pero tú de qué vas, tío!?-Cristina cruzó los brazos. Sin entender muy bien la situación, empezó a atacar a Iván- O sea, que soy un objeto para ti con el que te puedes divertir. O es eso, o eres bipolar, colega. Por que no me parce muy lógico lo que acabas de hacer-Chilló apuntándole con el dedo índice la espalda. Iván se giró molesto, y gritó a los cuatro vientos todo cuanto pudo.
-¡¡¡NO QUERIA BESARTE A TI, ESTÚPIDA!!! –Y apartó a Cristina de un brusco empujón. Todo el mundo los estaba mirando. Ella se sonrojó y fue corriendo al baño, donde empezó a llorar. No lloraba por tristeza, lloraba por la rabia de haber besado al chico que le gustaba, y que éste después le hubiese tratado tan mal. Lloraba de impotencia.
-Oye, Iván, ¿te pasa algo?- Preguntó ella frotándole la espalda con cariño.
-¡Suéltame! ¿Qué estás haciendo, Cristina? – Apartó su mano con brusquedad.
-Ah, pues no sé. ¿¡Primero me besas y ahora me chillas!? ¿¡Pero tú de qué vas, tío!?-Cristina cruzó los brazos. Sin entender muy bien la situación, empezó a atacar a Iván- O sea, que soy un objeto para ti con el que te puedes divertir. O es eso, o eres bipolar, colega. Por que no me parce muy lógico lo que acabas de hacer-Chilló apuntándole con el dedo índice la espalda. Iván se giró molesto, y gritó a los cuatro vientos todo cuanto pudo.
-¡¡¡NO QUERIA BESARTE A TI, ESTÚPIDA!!! –Y apartó a Cristina de un brusco empujón. Todo el mundo los estaba mirando. Ella se sonrojó y fue corriendo al baño, donde empezó a llorar. No lloraba por tristeza, lloraba por la rabia de haber besado al chico que le gustaba, y que éste después le hubiese tratado tan mal. Lloraba de impotencia.
Mientras tanto, llovía. Haizea había recogido el regalo misterioso de la taquilla; un pez blanco, blanco como el de su dibujo.
Haizea se encontraba ahora por las calles. Estaba desabrigada y llorando. No era capaz de asimilar lo que Iván había hecho, y menos con su mejor amiga. A lo mejor todo había sido una burla suya, para darle falsas esperanzas.
Haizea se encontraba ahora por las calles. Estaba desabrigada y llorando. No era capaz de asimilar lo que Iván había hecho, y menos con su mejor amiga. A lo mejor todo había sido una burla suya, para darle falsas esperanzas.
Cuando llegó a casa, abrió silenciosamente la puerta, y subió haciendo le mínimo ruido. Se metió en la ducha, tenía que aparentar dar señales de vida, o sus padres y su prima sospecharían.
Sí, su prima. Sara, una chica dos meses menor que ella. Eran tan parecidas que solían confundirlas, por eso tampoco llegaba a creer que fuese una confusión de Iván. ¿Confundirle con alguien rubia? ¡Tenía que haberlo notado en la voz!
Se puso el pijama, ya eran las diez. Subió a su buhardilla, donde Sara usaba el ordenador.
-Hey- Saludó Haizea, intentando aparentar que era feliz- ¿Cómo va todo?- Sonrió.
-Bien- Respondió secamente Sara. No se llevaban ni bien ni mal, eran indiferentes cariñosamente.
-Esto…¿Llevas mucho tiempo en el ordenador?- Preguntó Haizea nerviosa.
-No, acabo de llegar. ¿Lo estabas usando?- Sara se giró. A Haizea le dio tiempo a pensar que se parecían muchísimo. Suspiró aliviada
-No, déjalo, úsalo tú, voy a darle de comer a los peces- Sonrió y bajó a la cocina a por comida para los peces.
Cuando subió otra vez ya con la comida de los peces, sonó una melodía lenta de piano, muy familiar para ambas chicas.
-Te suena el móvil.- Le dijo Sara.
Haizea rebuscó en el bolso lo más rápido que pudo. Era una llamada. Era un número desconocido, sería para alguna promoción.
-¿Sí, digame?- Preguntó ella, con su inocente voz.
-¿Dónde estás? ¿No has ido a la fiesta? –Iván. Era él. Haizea no sabía qué hacer. Su prima estaba allí, y quería soltarle todo.
-Te suena el móvil.- Le dijo Sara.
Haizea rebuscó en el bolso lo más rápido que pudo. Era una llamada. Era un número desconocido, sería para alguna promoción.
-¿Sí, digame?- Preguntó ella, con su inocente voz.
-¿Dónde estás? ¿No has ido a la fiesta? –Iván. Era él. Haizea no sabía qué hacer. Su prima estaba allí, y quería soltarle todo.
Haizea se soltó el pelo nerviosa
-¡Claro que fui! Pero tú estabas demasiado entretenido como para fijarte- Insinuó.
-¿Có…como?- Preguntó Iván.
-¿Desde dónde estás llamando?- Preguntó ella. Tenía su número, pero era desconocido esta vez.
-¿Y eso a que viene? Es más, ¿a qué te referías antes?- Intentó disuadir el tema como pudo.
-Sí, si que viene, y no te pienso decir nada más hasta que me respondas.
-Haizea, ¿qué pasa? - Preguntó Sara, que se había puesto de pie asustada.
-Un momento- Cortó la disculpa de Iván, donde decía que le llamaba desde una cabina- Nada, un amigo, que está viciado a un juego virtual-Intentó mentir. Hizo un ademán con la mano para que le disculpase un momento, y fue al baño a hablar- Lo vi. Vi lo que hiciste. Me tenías delante. Podías haber dicho algo- Respondió ella.
Iván tartamudeaba cualquier disculpa, mientras ella hacía círculos con los ojos- Buenas noches, Iván, que descanses- Dijo secamente, y colgó el teléfono.
-¿Có…como?- Preguntó Iván.
-¿Desde dónde estás llamando?- Preguntó ella. Tenía su número, pero era desconocido esta vez.
-¿Y eso a que viene? Es más, ¿a qué te referías antes?- Intentó disuadir el tema como pudo.
-Sí, si que viene, y no te pienso decir nada más hasta que me respondas.
-Haizea, ¿qué pasa? - Preguntó Sara, que se había puesto de pie asustada.
-Un momento- Cortó la disculpa de Iván, donde decía que le llamaba desde una cabina- Nada, un amigo, que está viciado a un juego virtual-Intentó mentir. Hizo un ademán con la mano para que le disculpase un momento, y fue al baño a hablar- Lo vi. Vi lo que hiciste. Me tenías delante. Podías haber dicho algo- Respondió ella.
Iván tartamudeaba cualquier disculpa, mientras ella hacía círculos con los ojos- Buenas noches, Iván, que descanses- Dijo secamente, y colgó el teléfono.
Abrió la puerta del baño, y Sara estaba allí, con una expresión seria.
-¿Quieres hablar?- Sonrió comprensiva.
-No, estoy bien. Como ya te he dicho, ha sido solo un juego-Haizea intentaba ocultar su enfado, pero era incapaz. Rompió a llorar cuan volcán. Sara le abrazó, y fueron a la buhardilla.
-Sara, me gustaba un chico…Un poco. Y éste ha besado a mi mejor amiga, en mis narices…- Contó sin detalles, entre sollozos.
-Oh…Lo siento mucho, Haizea…Ya verás, que si el destino quiere, os juntará. Sara acarició la cabeza de Haizea, que estaba sobre sus rodillas.
Decidieron por acuerdo mutuo apagar el ordenador y deshacer la maleta de Sara, que pasaría con sus tíos unos meses, ya que sus padres estaban ambos fuera del país por negocios.
A la mañana siguiente, Haizea caminaba con Sara hacia el colegio. Sus tios, los padres de Sara, ya habían hablado con el director del centro sobre un traslado de un momento a otro. Las dos caminaban con el paso decidido y con el uniforme puesto. Realmente, le quedaba bien a las dos.
Haizea suspiró antes de entrar al edificio, era miércoles. Aún le quedaba bastante tiempo para el fin de semana.
Sara le sonrió, y tiró de ella. Al llegar a clase, la primera hora tenían tutorías con la tutora, así que decidieron hacer la presentación de Sara.
Haizea suspiró antes de entrar al edificio, era miércoles. Aún le quedaba bastante tiempo para el fin de semana.
Sara le sonrió, y tiró de ella. Al llegar a clase, la primera hora tenían tutorías con la tutora, así que decidieron hacer la presentación de Sara.
Haizea llevaba todo el día evitando a Iván y a Cristina. Cristina intentaba evitar a Iván y arreglar las cosas con Haizea, e Iván intentaba evitar a Cristina y solucionar todo con Haizea.
En la hora de recreo, Haizea estaba sola. Miraba una descuidada y vieja finca a través de una verja. Alguien se puso a su izquierda observándola también.
-¿Cuántas veces debo disculparme?
Haizea sonrió con sarcasmo, y se giró hacia la voz.
-Tú no tienes que disculparte, Iván. En absoluto. ¿Por qué? Si conmigo no va el tema. ¿A mi que me importa que andes con Cristina? ¡Sed felices!- Y dicho eso, se giró para irse, pero Iván le agarró el brazo.
En la hora de recreo, Haizea estaba sola. Miraba una descuidada y vieja finca a través de una verja. Alguien se puso a su izquierda observándola también.
-¿Cuántas veces debo disculparme?
Haizea sonrió con sarcasmo, y se giró hacia la voz.
-Tú no tienes que disculparte, Iván. En absoluto. ¿Por qué? Si conmigo no va el tema. ¿A mi que me importa que andes con Cristina? ¡Sed felices!- Y dicho eso, se giró para irse, pero Iván le agarró el brazo.
-Haizea, por favor, escúchame. Déjame al menos intentar explicarte el por qué.
-No hay nada que explicar, Iván.- Y dicho eso, se fue hacia un patio cubierto, donde estaba Cristina. Haizea se desvió hacia la puerta de los baños, pero Cristina ya estaba detrás de ella.
-¿Y tu prima?-Intentó suavizar la conversación.
-Está con los de tercero, jugando al baloncesto- Dijo secamente.
-¿Estás enfadada?- Preguntó Cristina.
-¿Yo? ¿Enfadada?- Haizea exageró la voz.
-Sí, te noto dolida, sufriendo.
-¿Sufrir yo? ¿Por qué? ¿Se ha ido internet?- Dijo irónica. Tocaba plástica, y la profesora ya había llamado a la fila.
Cristina quedó callada, nunca había visto a Haizea así.
-No hay nada que explicar, Iván.- Y dicho eso, se fue hacia un patio cubierto, donde estaba Cristina. Haizea se desvió hacia la puerta de los baños, pero Cristina ya estaba detrás de ella.
-¿Y tu prima?-Intentó suavizar la conversación.
-Está con los de tercero, jugando al baloncesto- Dijo secamente.
-¿Estás enfadada?- Preguntó Cristina.
-¿Yo? ¿Enfadada?- Haizea exageró la voz.
-Sí, te noto dolida, sufriendo.
-¿Sufrir yo? ¿Por qué? ¿Se ha ido internet?- Dijo irónica. Tocaba plástica, y la profesora ya había llamado a la fila.
Cristina quedó callada, nunca había visto a Haizea así.
Ya era la hora de irse a casa. Haizea caminaba con Sara, eran las cinco de la tarde y habían ido al comedor. Quedado en ir al veterinario, ya que el nuevo pez blanco no probaba bocado desde que lo había recogido.
‘El Karma , Haizea, esto es el Karma’ Se repetía una y otra vez.
Comenzó a llover. Pasaban justo por el porta, así que Haizea subió a por el pez, que estaba en una pecera a parte, más pequeña y solo, y a por un paraguas.
Cuando bajó, le sonó el móvil, era una melodía triste de violín; un mensaje.
‘Haizea, m he ido al parke, por qe llovía mucho y no tenia el paraguas a mano. Stoy sperandote en los recintos d patinaje.
1 Bso.
Sara . ‘
‘El Karma , Haizea, esto es el Karma’ Se repetía una y otra vez.
Comenzó a llover. Pasaban justo por el porta, así que Haizea subió a por el pez, que estaba en una pecera a parte, más pequeña y solo, y a por un paraguas.
Cuando bajó, le sonó el móvil, era una melodía triste de violín; un mensaje.
‘Haizea, m he ido al parke, por qe llovía mucho y no tenia el paraguas a mano. Stoy sperandote en los recintos d patinaje.
1 Bso.
Sara . ‘
¡Perfecto! Su prima le había dejado sola. Para colmo, se había olvidado el paraguas y había comenzado a nevar. ¡Qué cabeza la suya! Nada más salir del portal, corriendo, tenía el pelo empapado, hasta que de repente, notó como la nieve cesaba.
-Hola.
Haizea levantó la mirada. Era Iván. Abrigándole con el mismo paraguas que la primera vez. Le tenía tan cerca que no podía enfadarse con él.
-Hola.
-¿Sabes que el agua de la lluvia no es buena para un pez?-Sonrió.
-Sí…¿Qué haces aquí?
-Quería explicarme.
-Te he dicho muchas veces que no hace falta, que seais felices.
-Hola.
Haizea levantó la mirada. Era Iván. Abrigándole con el mismo paraguas que la primera vez. Le tenía tan cerca que no podía enfadarse con él.
-Hola.
-¿Sabes que el agua de la lluvia no es buena para un pez?-Sonrió.
-Sí…¿Qué haces aquí?
-Quería explicarme.
-Te he dicho muchas veces que no hace falta, que seais felices.
-No quería besarle a ella.
-No, que va. Y ahora me dirás que este pez es un marciano.
-Pensé que eras tú.
-¿Qué?
-Tal y como me describiste la máscara, pensé que eras tú, Haizea.
-Ya…Pero eso lo dices ahora. No fue lo que dijiste antes.
-Entonces creo que sé la manera perfecta para arreglar esto-
Iván cogió la pecera con sumo cuidado. En su mano derecha estaba el paraguas, y en la izquierda la pecera. Haizea no comprendía lo que hacía. ¿Iba a hacer malabares?
En un momento, este se inclinó y le besó. Ella cerró los ojos, ahora sabía lo que era estar en los mundos de Yupi, literalmente.
-No, que va. Y ahora me dirás que este pez es un marciano.
-Pensé que eras tú.
-¿Qué?
-Tal y como me describiste la máscara, pensé que eras tú, Haizea.
-Ya…Pero eso lo dices ahora. No fue lo que dijiste antes.
-Entonces creo que sé la manera perfecta para arreglar esto-
Iván cogió la pecera con sumo cuidado. En su mano derecha estaba el paraguas, y en la izquierda la pecera. Haizea no comprendía lo que hacía. ¿Iba a hacer malabares?
En un momento, este se inclinó y le besó. Ella cerró los ojos, ahora sabía lo que era estar en los mundos de Yupi, literalmente.
-¡Haizea!
Ambos se separaron y se giraron hacia donde provenía la voz. Era Sara.
-¡Vamonos a casa ahora mismo!- Y sin aclarar nada más, cogió a Haizea del brazo, y le quitó bruscamente la pecera.
Una vez ya en el piso, y en la buhardilla, Sara comenzó un discurso que tenía demasiado bien preparado.
-¿En qué pensabas?
-Sara, no he sido yo.
-Ya lo sé, ha sido él. No es por ti, es por mi…Bla bla bla.
-¿En qué piensas tú ahora?
-En decírselo a la tia.
-Sara, no he sido yo, no me puedes hacer esto- Haizea comenzó a temblar.
-Puff…No sé…Solo hay una manera de que yo no se lo diga a la tia.
-¿Cuál? – Preguntó Haizea, creyendo en una esperanza.
-Son varias en una; que no te vuelvas a ver con Iván, y que hagas exactamente todo lo que yo diga.
Haizea empalideció, pero así hizo. Habló con Iván explicándole las condiciones de Sara. Los dos se habían abrazado, y lloraban en silencio.
Semanas... Y pasaron tres semanas desde que Haizea cumplía las órdenes de Sara. La mayoría eran de ‘Tráeme aquí, llévame allí, hazme esto de aquí'. La primera no afectó a Haizea, puesto que se hablaba con Iván por mensajes, pero su prima los pilló y también se lo prohibió. La segunda se fue acostumbrando pero la tercera se hartó de las ordenes de Sara y, un día, reventó.
-¡No pienso dejar que me mangonees así! ¡Somos primas!- Y es que era demasiado fuerte lo que Sara le pedía. Que le cogiese el mando de la televisión cuando ella estaba a pocos centímetros. Estaba en el sofá, y se levantó.
-Muy bien, tú lo has querido, ‘prima’. Ahora comprobarás que iba en serio.
-¡Sara, no, espera!- Intentó arreglarlo Haizea.
Sara se apartó el pelo de la cara, y con una sonrisa chilló:
-¡¡¡TIA!!!
Ambos se separaron y se giraron hacia donde provenía la voz. Era Sara.
-¡Vamonos a casa ahora mismo!- Y sin aclarar nada más, cogió a Haizea del brazo, y le quitó bruscamente la pecera.
Una vez ya en el piso, y en la buhardilla, Sara comenzó un discurso que tenía demasiado bien preparado.
-¿En qué pensabas?
-Sara, no he sido yo.
-Ya lo sé, ha sido él. No es por ti, es por mi…Bla bla bla.
-¿En qué piensas tú ahora?
-En decírselo a la tia.
-Sara, no he sido yo, no me puedes hacer esto- Haizea comenzó a temblar.
-Puff…No sé…Solo hay una manera de que yo no se lo diga a la tia.
-¿Cuál? – Preguntó Haizea, creyendo en una esperanza.
-Son varias en una; que no te vuelvas a ver con Iván, y que hagas exactamente todo lo que yo diga.
Haizea empalideció, pero así hizo. Habló con Iván explicándole las condiciones de Sara. Los dos se habían abrazado, y lloraban en silencio.
Semanas... Y pasaron tres semanas desde que Haizea cumplía las órdenes de Sara. La mayoría eran de ‘Tráeme aquí, llévame allí, hazme esto de aquí'. La primera no afectó a Haizea, puesto que se hablaba con Iván por mensajes, pero su prima los pilló y también se lo prohibió. La segunda se fue acostumbrando pero la tercera se hartó de las ordenes de Sara y, un día, reventó.
-¡No pienso dejar que me mangonees así! ¡Somos primas!- Y es que era demasiado fuerte lo que Sara le pedía. Que le cogiese el mando de la televisión cuando ella estaba a pocos centímetros. Estaba en el sofá, y se levantó.
-Muy bien, tú lo has querido, ‘prima’. Ahora comprobarás que iba en serio.
-¡Sara, no, espera!- Intentó arreglarlo Haizea.
Sara se apartó el pelo de la cara, y con una sonrisa chilló:
-¡¡¡TIA!!!









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