Haizea

Haizea, nuestra protagonista, es una chica de 14 años, que entra en una etapa llena de problemas.

martes, 15 de noviembre de 2011

Capítulo 1: El arca de Noé y un pez borrado


Y la mañana soleada llegó. Pese a ser un día de invierno, Haizea comenzaba a prepararse el uniforme con una falda gris, un polo blanco y un jersey azul marino en pico. Se alisó su larga melena, y desayunó con calma hasta que llegó la hora de marchar.
Por el camino se topó con el panadero, que acababa de meter unas cestas en el almacén, y con la nariz manchada de harina, se dirigió a Haizea:
-¡Ey, Haizea! ¡Cuánto tiempo! La última vez que te vi eras como media bagguette.
-Jajaja, sí, Señor Panadero- El panadero Ricardo, era amigo de los padres de Haizea. Ella desde pequeña le llamaba Señor Panadero. Hacía tiempo que no se veían, ya que él había estado muy enfermo y cogió una baja. Haizea era una chica de pocas palabras, una antisocial, pero decidió, que por lo menos, por educación, debía charlar algo con él- ¿Y qué tal se encuentra? –Dijo acercándose, mientras se daban dos besos.
-Ya ves, mejor. –Sonrió.
-¡¡¡Ey, espere!!! –Cristina se acercó corriendo con una moneda en la mano- ¿Puede darme el bollo de crema más reciente que tenga? Llego tarde.
-¿Qué hora es? – Interrumpió Haizea.
-Pues, veamos…Las nueve menos veinte.
-¡¡¡Ay mi madre!!! – Cristina se llevó la mano a la cabeza, Ricardo, de la cesta, sacó dos bollos de crema recién horneados, envueltos en una servilleta –Tomad, uno para cada una.
-Yo no tengo dinero, Ricardo, no me parece justo -Algún adjetivo en el que describir a Haizea; honesta. No le gustaba recibir cosas sin pagar.
-Venga, te lo pago yo- Se apresuró a decir Cristina- ¿Cuánto es, Ricardo?
-Un euro- Respondió él, pues en realidad valía más – Pero dejad, no hace falta, como es mi primer día llevároslo.
-Gracias, Señor Panadero, se la devolveremos- Dijo Haizea cogiendo a Cristina.
Ya eran las nueve menos diez, y las dos muchachas se encontraban ya en la clase de 2º. Sí, ni A, ni B, pues eran tan solo 25 alumnos. La clase estaba dividida en cuatro filas, las chicas ocupaban la primera y la segunda, y los chicos la tercera y la cuarta. Nadie se explicaba el por qué, pero nunca había habido un trato con las personas del sexo opuesto, solo un ‘’Hola y adios’’ por educación.
Pero, Cristina no dejaba de girarse para mirar a los chicos. Haizea, muchas veces, le daba un golpecito en el hombro para que atendiera, pues estaban sentadas juntas.
Y, por fin, la hora de la salida. Los profesores tenían ese toque tan mágico de convertir una mañana en una eternidad, pues ella era despistada y no dejaba de pensar en sus cosas.
Había dibujado en el fichero (zona de Ciencias Sociales) un pez azul.
Haizea saliendo del colegio, cuando se dio cuenta de que una lluvia atroz lo estaba mojando todo. Miró hacia arriba, y se puso la capucha.
Caminaba lo más rápido que podía, mirando al suelo, para no pisar charcos, ya que la salida del edificio y la portería estaba separada por un inmenso jardín. De repente, chocó con algo o alguien, y le hizo perder el sentido de todo. Su fichero cayó al suelo.
-¡Oh, lo siento mucho! – Dijo una voz masculina, no grave del todo, pero singular.
-No…No pasa nada- Haizea se agachó para coger el fichero. De repente vio que no llovía. ¿Qué…? Miró al chico, era Iván, uno de los deseos de Cristina. Él la estaba mirando y abrigando con un paraguas. Su rostro enrojeció un poco.
-¿Se te han mojado los deberes?- Preguntó Iván arrepentido- Lo siento mucho, Haizea- Sus labios pronunciando su nombre, era tan…¿Imposible? Ella estaba como en una nube. Tal vez, como se daba en los casos, era por educación.
-No, creo que no…-Confirmó ella mirándolo todo. No reparó en que le faltaba algo.
-Espera, aquí hay algo. ¿Me sujetas el paraguas un momento? –Preguntó Iván, dándole el mango
-Por supuesto-Dijo ella, tomándolo. Sus manos frías se tocaron, y hubo un silencio enorme. Finalmente Iván se agachó y cogió una hoja, que parecía tener algo
-Es un pez blanco -Aclaró Iván finalmente, volviendo a coger él el paraguas- ¿Es tuyo?
-Era azul, realmente, lo habrá borrado la lluvia…- Sonrió ella tímida, cogiendo la hoja y guardándola.
-¿Te gustan los animales? A mi me encantan.
-A mi también, tengo nueve peces…
La lluvia cesó, Iván cerró el paraguas y se arregló el flequillo.
-Un placer, Haizea. Normalmente no solemos hablar nunca, ni en clase, ni nada.
-Tienes razón, es extraño.
Los dos rieron, y ella se puso algo nerviosa. Su corazón empezó a acelerar lentamente. ¿Qué le pasaba?
-Creo…Que tengo que irme, ya es tarde.
-Hasta otro día.
Ella salió corriendo, y en cuanto llegó al muro, se apoyó suspirando. Miró otra vez el pez, sin saber exactamente cómo había llegado hasta allí, hasta hablar con un chico.
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¡Hasta aquí el primer capítulo! ¿Queréis leer el segundo? Pues poned un siguiente en un comentario :D ¡¡Gracias por leer!!

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