Haizea

Haizea, nuestra protagonista, es una chica de 14 años, que entra en una etapa llena de problemas.

martes, 6 de diciembre de 2011

Capítulo 4: ¡Prohibido prohibir!


-¿Qué pasa chicas?- Respondió Ainhoa, la madre de Haizea.
-¡Nada mamá!- Se apresuró Haizea, pero era demasiado tarde. Sara nunca se hechaba atrás.
-Oh, si que pasa tía, he visto a Haizea hacer una cosa- Soltó Sara con malicia y haciendo muchas pausas para hacer esperar a su prima.
-¿Qué cosa?- Ainhoa frunció el entrecejo. Haizea lo vio, eso siempre es mala señal. Empezó a preocuparse.
-Verás tía, hace unas semanas, al salir del colegio, Haizea hizo algo que creo que deberías saber.
-Sara, no me tengas más en ascuas, ¡dímelo ya!- Gritó su madre mirando a Haizea con mala cara.
-Vale Ainhoa, voy al grano. ¡Haizea se besó con Iván!- Ainhoa se escandalizó, miró a Haizea y apunto de reventar la cogió del brazo y la llevó a la entrada. Le tiró el móvil a la basura y luego le dio el teléfono fijo.
-¡Llama ahora mismo a Cristina!- Le gritó. Haizea marcó el número de Cris muerta de miedo.
-¿Si?
-Cris, cielo, soy Ainhoa, la madre de Haizea.
-¡Hola! Dime...
-¿Puedes venir un momentito a casa?
-¿Para qué?
-Tú pídele permiso a tus padres y ven.
-Vale, en breves estoy allí.
-¡Gracias cielo!
Fueron a la cocina. Hubo un largo silencio, insoportable para Haizea, irritante para Ainhoa y vengativo para Sara. A Haizea le sudaban las manos, Sara le lanzaba miradas de venganza, Ainhoa miraba al suelo enfadada y Lucas, el padre de Haizea, entraba en la habitación.
"Estoy más que muerta", pensó. Su padre con ese tema era muy duro. Sería cruel con Haizea. Le quitarían el ordenador, el teléfono fijo, el derecho a salir por las tardes...
Lucas entró con su traje de abogado y en seguida se paró en seco.
-¿Qué pasa aquí?- Dijo con tono amigable mirándolas de reojo a las tres.
-Nada cariño, que nuestra hija ya está en edad de besarse con chicos.
-¡Qué dices Ainhoa! ¡Ella no podría hacer eso!- Ainhoa miró a Sara, como señal para Lucas. Él también la miro, Sara asintió con la cabeza y Cristina irrumpió en la sala.
-¡Hola! ¿Qué pasa? ¿Por qué tenía que venir?- Se asustó al ver a toda la familia reunida en silencio.
-Tenemos que hacerte una pregunta muy seria- Gruñó Ainhoa con voz de profesora malhumorada.
-¿Cuál?- Preguntó nerviosa pero a la vez curiosa.
Haizea comenzó a rascarse la nuca nerviosamente, mirando a Cristina. Temía lo que se le venía encima. No recordaba muy bien lo que había hecho ni por qué, pero Había sido una falta grave. ¡Ella era la primera en decir que no quería tener novio, ni nada por el estilo!
-Oid, ¿va todo bien? - Preguntó Cristina nerviosa. Y otra vez ese incómodo silencio.
-Verás, Cris...- Comenzó Lucas- ¿Notas a Haizea rara estos días?
-¿Cómo...? ¿Rara?-Cristina comenzaba a extrañarse. Sí, su mejor amiga estaba bastante rara esos días, pero no acababa de entender por qué ella estaba así y por qué la habían llamado. Miró a Haizea, como buscando una explicación.
-A ver...Sé que va a ser duro de asimilar, cariño...-La familia entera se iba por las ramas, y a Cristina le mataba la curiosidad. Y como no, salió Sara, y comenzando con muy mal pie para Cristina.
-Veamos, Cristi...-Mal. Muy mal. Cristina odiaba que le llamasen así, era algo que le mataba por dentro- Haizea se ha besado con Iván el otro día.
-¿¡Cómo!? ¡Haizea!- Exclamó Cristina abriendo los ojos.
-¡Fue un error! ¡Ni él ni yo queríamos!- Intentó excusarse, y había llegado el momento que si temía en realidad; ella, con el amor imposible de Cristina.
-No, no me refiero a eso- Y todo dio un vuelco- A mi también me besó el otro día, en una fiesta.
-Lo sé, lo vi.
-¡Pero Haizea! ¿Tú en una fiesta? ¿Qué fiesta?- Y Sara metió más leña al fuego.
-Pe-Pero, ¿qué fiesta?- Lucas comenzaba a tartamudear.
-Una que hubo en el colegio, papá.
-Supongo que sabes que estás castigada...Y quiero hablar con ese tal Iván- Se apresuró Ainhoa, y obligó a Haizea a coger el teléfono otra vez-Llámale.
-Mamá...No me sé su número- Dijo, la sinceridad se asomaba por sus ojos. No sabía como había terminado en eso, y parecía un sin fin.
-Pues coges la agenda escolar, que sé que tienes todos los números- Ordenó.
Haizea tragó saliva. ¿Qué pensaría Iván de ella? ¿Cómo la castigarían?
Cogió la agenda y busco despacio con el dedo.
-I... Ignacio, Iria, Irina, Iván....
-¡Llámale!- Gritó su madre dándole el teléfono. Haizea marcó el número, esta vez más despacio que el de Cris. Se lo pasó a su madre.
-¿Si? ¿Quién es?- Haizea ahogó un grito. No era la voz de Iván, era su madre, Marina, la veterinaria.
-Hola, ¿eres la madre de Iván?
-Si, ¿quién llama?
-Soy Ainhoa. La madre de Haizea. Iván y ella van a clase juntos.
-¡Ah si! Ya sé... ¿Qué ocurre?
-Verás, me han llegado rumores de que Iván se ha besado con Haizea.
-¿Quéeeee? Disculpa, esto hay que hablarlo con más calma. ¿Podéis venir un momento al veterinario?
-Sin ningún problema Marina. En unos minutos estamos ahí.
-¡Gracias! Hasta ahora.
-¡Hasta ahora!- Ainhoa colgó el teléfono- Poneros los abrigos, vamos al veterinario.
Haizea y Cristina se miraron y se dieron la mano. Se pusieron los abrigos y bajaron, en silencio. Sara incluso se arrepentía de haberse chivado, puesto que por la calle, todos les miraban. A Haizea se le caían las lágrimas, Lucas la arrastraba del brazo, Cristina la consolaba y Ainhoa iba enfadada con la cabeza gacha. Llamaban la atención y todos se giraban. Sara no soportaba ser el centro de atención, al menos, no de esa forma.
Minutos más tarde llegaron al veterinario. A Haizea y Cristina les latía el corazón a doscientos por hora. Marina esperaba en la puerta, dejando a un perrito de las praderas desatendido. Agarraba a Iván de la manga de su chaqueta, igual que Lucas a Haizea.
-Muchas gracias por venir. Tienen que dar muchas explicaciones- Dijo Marina con un tono muy serio.
-¡Y tantas qué tienen que dar!- Gritó el padre de Haizea empujándola hacia delante.
-¿Cómo es eso de qué os habéis besado?- Preguntó Ainhoa.
-Bueno, en realidad yo... yo... yo no... es decir, sí, nos besamos- Masculló Haizea.
-¿Es cierto eso Iván?- Preguntó Marina.
-No- Haizea y Cristina se escandalizaron, Sara se lo esperaba.
-Aquí tenemos a alguien que dice que si, y a alguien que dice que no. ¿Me lo explicáis?
-Mamá, yo no le besé.
-¡Oh! Iván, si que le has besado, y tengo una prueba en mi móvil- Sara desenfundó el móvil de su funda verde y empezó a teclear. Unos segundos después les mostró el móvil a los padres. Había una foto de Haizea e Iván besándose bajo la nieve. Sin duda, eran ellos.
-Yo solo le veo una solución- Dijo Lucas en alto. Haizea se impacientaba, ¿cuál sería la solución?
-Creo que estamos pensando lo mismo- Dijo Marina mirándole a los ojos. Ainhoa les leyó la mente.
-¡¡No podéis volver a veros!!- Grito la madre de Haizea.
-¿Qué? ¿Pero por qué?- Gritó Haizea. Iván parecía indiferente. Tanto le había suplicado para que le perdonara y ahora, no parecía importarle. Haizea deseaba pedirle explicaciones.
-¡¡¡Haizea!!! Esto es muy grave. Sois muy jóvenes, Iván tiene 14 años y tú 13. En mis tiempos las cosas no eran así. En mis tiempo no te ponías tacones hasta los dieciocho, no se te ocurría tocar la barra de labios hasta los diecisiete y no besabas también hasta esa edad. ¡Bueno! Y por no hablar de los novios, no se podían tener novios serios hasta los dieciocho; pero veo que esto a cambiado mucho. ¡Vais muy mal por ese camino! ¡¡Sois unos niños!! ¡¡Unos niños!!- Soltó de golpe Marina haciendo muchas señas con las manos. ¡Qué pelmazo de tía! Ahora entendía que Iván lo negara todo; le esperaba otro discurso en casa de todas formas.
Los padres charlaron sobre lo sucedido, muy indignados, un rato más. Más tarde se fueron a sus casas, les dejaron despedirse, puesto que sería la última vez que hablaran en mucho tiempo. Iván no dijo nada, "como siempre", pensó Haizea.
Una vez en casa subió a la buhardilla con Sara, llorando.
-¡Cómo me has podido hacer esto!
-Haizea, sabes que yo siempre cumplo lo prometido. Sabes que conmigo no se anda con juegos- Haizea lloró mucho más tiempo más, mientras Sara le dedicaba frases alentadoras; pero no se animaba. Cuando se fue quedando sin lágrimas, cayó en la cuenta de que el pez blanco no se movía.
-¡Oh Dios mío!- Gritó mientras se levantaba a sujetar su pecera- Debemos llevarlo al veterinario.
-¿Ahora? ¿Crees qué sería buena idea ir allí después de lo sucedido? Marina estaba muy indinada.
-Tienes razón, esperaremos unos días a ver si se recupera. Todavía come, pero nada más.
Haizea y Sara se pusieron el pijama y se metieron en la cama.
Los días siguientes pasaron lentos. En el colegio todo era muy incómodo, pero, el viernes, Haizea vio algo sospechoso en Iván. Tocaba el recreo, ya llevaban un tiempo en el patio.
-¿Qué hora es?- Le preguntó Sara a Sergio, el chico de segundo.
-Solo quedan diez minutos.
-¡Vale gracias!- Dijo mientras Sergio se alejaba con un balón de fútbol.
-Haizea, ¿cómo está el pez?- Preguntó Cris.
-Ha empeorado, creo que hoy voy a llevarlo al veterinario.
-Pero...
-Me da igual, prefiero pasar un mal rato antes que jugar con la vida de un ser- Le interrumpió.
-Vale, ¿quieres que te acompañemos?
-No, si tengo la oportunidad de hablar con Iván, quiero hacerlo sola.
-De acuerdo, pero, si necesitas algo, nos tienes a tu disposición- Aclaró Sara.
-¡¡Niños!! ¡A clase!- Gritó la profesora. Todas corrieron hacia la fila, pero no sin pasar antes por el baño a beber.
Aquella misma tarde, Haizea cogió al pez y se puso de camino al veterinario. No se iba a engañar, estaba muy nerviosa y se imaginaba lo peor. Cuando llegó, se sorprendió al ver la cara de Marina. Con ojeras y muy enfadada. Se le hacía rara la idea de pensar en una veterinaria antipática. Haizea esperó en la fila. Cuando llegó su turno, Marina se mostró muy seca.
-¿Qué le pasa?- Le preguntó con un tono bruto.
-No lo sé. Come pero no se mueve.
-Eso es fácil, está deprimido. Dale estas Flores de Batch- Dijo mientras le lanzaba un botecito- ¡Siguiente!
"Vaya tía más rara. Ni siquiera me ha explicado cuanto le tengo que echar, ni como, ni cuando..."¡Pum! Un choque interrumpió sus malintencionados pensamientos. Había chocado con Iván. Se levantó, y le miró; él también la miró, ninguno se atrevió a articular palabra hasta que irrumpió Marina.
-Ejem...Golfa, te vas sin pagar- Haizea aún no se había ido, y Marina lo había dicho en alto. Iván levantó la vista con los ojos muy abiertos.
-Pe...Perdone, ¿qué me ha llamado? - Preguntó, intentando no entender nada.
-Te he llamado lo que eres- Marina se puso algo chulita. Iván se había acercado- Tú lárgate.
-Pues que sepa que no voy a pagar hasta que me diga la cantidad que le tengo que dar, cada cuanto tiempo y cuantos días.
-Mamá...Creo que te estás pasando- Interrumpió Iván tartamudeando.
-¿¡Perdona!? ¡Eres mi hijo! ¡Tienes que defenderme siempre!- Marina sabía que tenía las de perder. Enganchó a Iván por la oreja mientras se tapaba con la bata.
-Échale 2 gotas en el agua cada día con el cuentagotas.
-De acuerdo- Dijo Haizea, y después de eso, dejó un billete de 20 euros en la mesa. No sabía cuanto podía costar, pero era lo que tenía, y no quería meterse ahora en problemas de dinero también. Haizea se propuso salir de allí a paso firme; Iván intentó agarrarle del brazo pero Marina lo frenó.
-¡Tú! Ven aquí niño ¡Niño que eres un niño!- Todos en el veterinario les miraban fijamente, pues, como decía, es triste la idea de una veterinaria tan mala.
Haizea procuró no salir corriendo para no mostrar que tenía ganas de romper a llorar. Al llegar a casa le echó al pez las Flores de Batch, que más que una medicina, eran un remedio natural contra depresiones, cansancio, mal humor...
Después llenó la bañera, tenía ganas de relajarse; le echó sales de baño e hizo un montón de espuma. Se sumergió en el relajante baño con olor a sales minerales y se durmió. Al rato llegó Sara, entró en el baño y la vio dormida. La despertó. Haizea le contó todo lo que había pasado.
-Haizea, ¿por qué tienes que estar atada a Iván? Me refiero, ¿por qué no conoces a otro?

sábado, 3 de diciembre de 2011

Capitulo 3: Un pez a la lluvia.

Iván no podía creérselo. ¿Qué hacían Haizea y Cristina con la misma máscara? Se apartó bruscamente lo más rápido que pudo, y se giró. Cristina no lo acababa de entender muy bien.
-Oye, Iván, ¿te pasa algo?- Preguntó ella frotándole la espalda con cariño.
-¡Suéltame! ¿Qué estás haciendo, Cristina? – Apartó su mano con brusquedad.
-Ah, pues no sé. ¿¡Primero me besas y ahora me chillas!? ¿¡Pero tú de qué vas, tío!?-Cristina cruzó los brazos. Sin entender muy bien la situación, empezó a atacar a Iván- O sea, que soy un objeto para ti con el que te puedes divertir. O es eso, o eres bipolar, colega. Por que no me parce muy lógico lo que acabas de hacer-Chilló apuntándole con el dedo índice la espalda. Iván se giró molesto, y gritó a los cuatro vientos todo cuanto pudo.
-¡¡¡NO QUERIA BESARTE A TI, ESTÚPIDA!!! –Y apartó a Cristina de un brusco empujón. Todo el mundo los estaba mirando. Ella se sonrojó y fue corriendo al baño, donde empezó a llorar. No lloraba por tristeza, lloraba por la rabia de haber besado al chico que le gustaba, y que éste después le hubiese tratado tan mal. Lloraba de impotencia.
Mientras tanto, llovía. Haizea había recogido el regalo misterioso de la taquilla; un pez blanco, blanco como el de su dibujo.
Haizea se encontraba ahora por las calles. Estaba desabrigada y llorando. No era capaz de asimilar lo que Iván había hecho, y menos con su mejor amiga. A lo mejor todo había sido una burla suya, para darle falsas esperanzas.

Cuando llegó a casa, abrió silenciosamente la puerta, y subió haciendo le mínimo ruido. Se metió en la ducha, tenía que aparentar dar señales de vida, o sus padres y su prima sospecharían.
Sí, su prima. Sara, una chica dos meses menor que ella. Eran tan parecidas que solían confundirlas, por eso tampoco llegaba a creer que fuese una confusión de Iván. ¿Confundirle con alguien rubia? ¡Tenía que haberlo notado en la voz!
Se puso el pijama, ya eran las diez. Subió a su buhardilla, donde Sara usaba el ordenador.
-Hey- Saludó Haizea, intentando aparentar que era feliz- ¿Cómo va todo?- Sonrió.
-Bien- Respondió secamente Sara. No se llevaban ni bien ni mal, eran indiferentes cariñosamente.
-Esto…¿Llevas mucho tiempo en el ordenador?- Preguntó Haizea nerviosa.
-No, acabo de llegar. ¿Lo estabas usando?- Sara se giró. A Haizea le dio tiempo a pensar que se parecían muchísimo. Suspiró aliviada
-No, déjalo, úsalo tú, voy a darle de comer a los peces- Sonrió y bajó a la cocina a por comida para los peces.
Cuando subió otra vez ya con la comida de los peces, sonó una melodía lenta de piano, muy familiar para ambas chicas.
-Te suena el móvil.- Le dijo Sara.
Haizea rebuscó en el bolso lo más rápido que pudo. Era una llamada. Era un número desconocido, sería para alguna promoción.
-¿Sí, digame?- Preguntó ella, con su inocente voz.
-¿Dónde estás? ¿No has ido a la fiesta? –Iván. Era él. Haizea no sabía qué hacer. Su prima estaba allí, y quería soltarle todo.

Haizea se soltó el pelo nerviosa
-¡Claro que fui! Pero tú estabas demasiado entretenido como para fijarte- Insinuó.
-¿Có…como?- Preguntó Iván.
-¿Desde dónde estás llamando?- Preguntó ella. Tenía su número, pero era desconocido esta vez.
-¿Y eso a que viene? Es más, ¿a qué te referías antes?- Intentó disuadir el tema como pudo.
-Sí, si que viene, y no te pienso decir nada más hasta que me respondas.
-Haizea, ¿qué pasa? - Preguntó Sara, que se había puesto de pie asustada.
-Un momento- Cortó la disculpa de Iván, donde decía que le llamaba desde una cabina- Nada, un amigo, que está viciado a un juego virtual-Intentó mentir. Hizo un ademán con la mano para que le disculpase un momento, y fue al baño a hablar- Lo vi. Vi lo que hiciste. Me tenías delante. Podías haber dicho algo- Respondió ella.
Iván tartamudeaba cualquier disculpa, mientras ella hacía círculos con los ojos- Buenas noches, Iván, que descanses- Dijo secamente, y colgó el teléfono.

Abrió la puerta del baño, y Sara estaba allí, con una expresión seria.
-¿Quieres hablar?- Sonrió comprensiva.
-No, estoy bien. Como ya te he dicho, ha sido solo un juego-Haizea intentaba ocultar su enfado, pero era incapaz. Rompió a llorar cuan volcán. Sara le abrazó, y fueron a la buhardilla.

-Sara, me gustaba un chico…Un poco. Y éste ha besado a mi mejor amiga, en mis narices…- Contó sin detalles, entre sollozos.
-Oh…Lo siento mucho, Haizea…Ya verás, que si el destino quiere, os juntará. Sara acarició la cabeza de Haizea, que estaba sobre sus rodillas.

Decidieron por acuerdo mutuo apagar el ordenador y deshacer la maleta de Sara, que pasaría con sus tíos unos meses, ya que sus padres estaban ambos fuera del país por negocios.
A la mañana siguiente, Haizea caminaba con Sara hacia el colegio. Sus tios, los padres de Sara, ya habían hablado con el director del centro sobre un traslado de un momento a otro. Las dos caminaban con el paso decidido y con el uniforme puesto. Realmente, le quedaba bien a las dos.
Haizea suspiró antes de entrar al edificio, era miércoles. Aún le quedaba bastante tiempo para el fin de semana.
Sara le sonrió, y tiró de ella. Al llegar a clase, la primera hora tenían tutorías con la tutora, así que decidieron hacer la presentación de Sara.
Haizea llevaba todo el día evitando a Iván y a Cristina. Cristina intentaba evitar a Iván y arreglar las cosas con Haizea, e Iván intentaba evitar a Cristina y solucionar todo con Haizea.
En la hora de recreo, Haizea estaba sola. Miraba una descuidada y vieja finca a través de una verja. Alguien se puso a su izquierda observándola también.
-¿Cuántas veces debo disculparme?
Haizea sonrió con sarcasmo, y se giró hacia la voz.
-Tú no tienes que disculparte, Iván. En absoluto. ¿Por qué? Si conmigo no va el tema. ¿A mi que me importa que andes con Cristina? ¡Sed felices!- Y dicho eso, se giró para irse, pero Iván le agarró el brazo.

-Haizea, por favor, escúchame. Déjame al menos intentar explicarte el por qué.
-No hay nada que explicar, Iván.- Y dicho eso, se fue hacia un patio cubierto, donde estaba Cristina. Haizea se desvió hacia la puerta de los baños, pero Cristina ya estaba detrás de ella.
-¿Y tu prima?-Intentó suavizar la conversación.
-Está con los de tercero, jugando al baloncesto- Dijo secamente.
-¿Estás enfadada?- Preguntó Cristina.
-¿Yo? ¿Enfadada?- Haizea exageró la voz.
-Sí, te noto dolida, sufriendo.
-¿Sufrir yo? ¿Por qué? ¿Se ha ido internet?- Dijo irónica. Tocaba plástica, y la profesora ya había llamado a la fila.
Cristina quedó callada, nunca había visto a Haizea así.

Ya era la hora de irse a casa. Haizea caminaba con Sara, eran las cinco de la tarde y habían ido al comedor. Quedado en ir al veterinario, ya que el nuevo pez blanco no probaba bocado desde que lo había recogido.
‘El Karma , Haizea, esto es el Karma’ Se repetía una y otra vez.
Comenzó a llover. Pasaban justo por el porta, así que Haizea subió a por el pez, que estaba en una pecera a parte, más pequeña y solo, y a por un paraguas.
Cuando bajó, le sonó el móvil, era una melodía triste de violín; un mensaje.
‘Haizea, m he ido al parke, por qe llovía mucho y no tenia el paraguas a mano. Stoy sperandote en los recintos d patinaje.
1 Bso.
Sara . ‘
¡Perfecto! Su prima le había dejado sola. Para colmo, se había olvidado el paraguas y había comenzado a nevar. ¡Qué cabeza la suya! Nada más salir del portal, corriendo, tenía el pelo empapado, hasta que de repente, notó como la nieve cesaba.
-Hola.
Haizea levantó la mirada. Era Iván. Abrigándole con el mismo paraguas que la primera vez. Le tenía tan cerca que no podía enfadarse con él.
-Hola.
-¿Sabes que el agua de la lluvia no es buena para un pez?-Sonrió.
-Sí…¿Qué haces aquí?
-Quería explicarme.
-Te he dicho muchas veces que no hace falta, que seais felices.
-No quería besarle a ella.
-No, que va. Y ahora me dirás que este pez es un marciano.
-Pensé que eras tú.
-¿Qué?
-Tal y como me describiste la máscara, pensé que eras tú, Haizea.
-Ya…Pero eso lo dices ahora. No fue lo que dijiste antes.
-Entonces creo que sé la manera perfecta para arreglar esto-
Iván cogió la pecera con sumo cuidado. En su mano derecha estaba el paraguas, y en la izquierda la pecera. Haizea no comprendía lo que hacía. ¿Iba a hacer malabares?
En un momento, este se inclinó y le besó. Ella cerró los ojos, ahora sabía lo que era estar en los mundos de Yupi, literalmente.

-¡Haizea!
Ambos se separaron y se giraron hacia donde provenía la voz. Era Sara.
-¡Vamonos a casa ahora mismo!- Y sin aclarar nada más, cogió a Haizea del brazo, y le quitó bruscamente la pecera.
Una vez ya en el piso, y en la buhardilla, Sara comenzó un discurso que tenía demasiado bien preparado.
-¿En qué pensabas?
-Sara, no he sido yo.
-Ya lo sé, ha sido él. No es por ti, es por mi…Bla bla bla.
-¿En qué piensas tú ahora?
-En decírselo a la tia.
-Sara, no he sido yo, no me puedes hacer esto- Haizea comenzó a temblar.
-Puff…No sé…Solo hay una manera de que yo no se lo diga a la tia.
-¿Cuál? – Preguntó Haizea, creyendo en una esperanza.
-Son varias en una; que no te vuelvas a ver con Iván, y que hagas exactamente todo lo que yo diga.
Haizea empalideció, pero así hizo. Habló con Iván explicándole las condiciones de Sara. Los dos se habían abrazado, y lloraban en silencio.
Semanas... Y pasaron tres semanas desde que Haizea cumplía las órdenes de Sara. La mayoría eran de ‘Tráeme aquí, llévame allí, hazme esto de aquí'. La primera no afectó a Haizea, puesto que se hablaba con Iván por mensajes, pero su prima los pilló y también se lo prohibió. La segunda se fue acostumbrando pero la tercera se hartó de las ordenes de Sara y, un día, reventó.
-¡No pienso dejar que me mangonees así! ¡Somos primas!- Y es que era demasiado fuerte lo que Sara le pedía. Que le cogiese el mando de la televisión cuando ella estaba a pocos centímetros. Estaba en el sofá, y se levantó.
-Muy bien, tú lo has querido, ‘prima’. Ahora comprobarás que iba en serio.
-¡Sara, no, espera!- Intentó arreglarlo Haizea.
Sara se apartó el pelo de la cara, y con una sonrisa chilló:
-¡¡¡TIA!!!

martes, 29 de noviembre de 2011

Capítulo 2: ¿¿Cristina??

Haizea estaba asombrada. No se consideraba ella. ¿Desde cuándo Iván sabía su nombre?, es más, ¿desde cuándo a ella le interesaba Iván? Su cabeza era una maraña de pensamientos. Había parado de llover, y en el cielo se podía apreciar un arcoiris de colores brillantes y vivos. Todo era bello y hermoso, tanto en la cabeza de Haizea, como en lo que pasaba a su al rededor, pero esa felicidad solo duró unos instantes, pues le empezaron a llegar ideas como: <No seré capaz de volver a hablar con él>, <¿Qué le digo a Cristina sobre "su chico">, <¿Lo qué acaba de pasar significa algo o es casual?>. ¡Estaba confusa! 
Intentando librarse de los pensamientos negativos buscó a Cristina con la mirada, normalmente iban juntas a casa, pero al no encontrarla salió corriendo del colegio hacia su barrio, no le venía bien que empezara a llover otra vez. 
Por el camino se encontró de nuevo con el Panadero Ricardo.
-¡Buenos días Señor Panadero! ¿Ya estás cerrando?
-Si Haizea, ya es la hora de comer. ¿Estaba bueno el almuerzo?
-¡Por supuesto! Estaba delicioso, como siempre- Dijo esbozando una sonrisa de oreja a oreja.- Y aquí tiene el dinero.
-Oh, no hace falta, ya te dije que al ser mi primer día os lo regalaba.
-¿Está seguro?
-¡Segurísimo! 
-¡Jajaja! De acuerdo. Bueno, me voy a mi casa que me estarán esperando- Dijo dándole un abrazo y, disimuladamente, metiéndole la moneda en el bolsillo del mandil.
-Hasta mañana guapa.- Gritó Ricardo mientras su pequeña amiga doblaba la esquina de la calle.
Unos minutos más tarde Haizea llegó a su edificio, cogió las llaves del portal, de las cuales colgaba un enorme llavero con forma de gato gris. Decidió no coger el ascensor, así que subió por las escaleras, vivía en un 4º, pero hoy estaba llena de energía. Entró en casa:
-¡Hola mamá!- Gritó desde la puerta a su madre, que estaba en la cocina.
-¡Hola cariño! ¿Qué tal el día?
-¡Maravilloso! Hoy un chi... es decir, hoy saqué un nueve en Sociales.
-¡Cuánto me alegro! ¿Ves como estudiar merece la pena?
-Si, supongo- Masculló Haizea mientras se le escapaba una falsa sonrisa.- ¿Qué hay de comer?
-Tú comida favorita cariño.
-¿Espaguetis?
-Ah... ¿que los espaguetis son tu comida favorita? Pues lo siento cielo pero hay guiso.
-Bueno, eso también me gusta... ¿Está ya?
-Si ya está listo, vamos a comer.
Haizea y su madre se sentaron a comer, su padre llegaría tarde y no podían esperar. Al acabar Haizea subió a su habitación y se conectó a Tuenti.
-<<1 mensaje privado>>- Leyó. Clicó en el enlace y vio que era de Iván. Dudó entre si abrirlo o no, pero era demasiada intriga, así que lo hizo.
<<Hola Haizea, scucha, t he dejado un regalito en l taquilla. Spero qe t guste, cuídalo.>>
""Mmm... ¿Un regalito? ¿Qué será? ¡¡Cuánta intriga!! ¿En serio tengo que esperar al día siguiente para averiguarlo? Pss... claro que no"". Otro mensaje de Iván interrumpió los enrevesados pensamientos de Haizea.
<<Pr cierto, Haizea, ¿hs oído hablar d l fiesta d disfracs qe celebrn esta noche en el colegio? M sorprend qe aún haya gnte qe no l sepa. Vent y nos vems allí. Tiens qe llevar una máscara y un disfraz. Bss>>
<<OK Ns vems allí, llevaré una máscara veneciana dorada y negra con algunas perlas blancs ;) A qe hora es esa fiest??>>
-Sí, ¡voy a ir perfecta!- Gritó Haizea mientras se levantaba a coger la única máscara que tenía. Era una que le había regalado Cristina en febrero de hacía cuatro años para que fueran iguales en carnaval. Le sorprendió que aún la tuviera. Era negra con una funda lacada en oro y doce perlas blancas perfectamente distribuidas por toda la máscara. Le hubiera gustado que fuera una de esas que tienen un mango, le parecen más originales, pero sin embargo, la suya era más comoda. Tenía una cinta negra que se ata por la parte de atrás de la cabeza y da un estilo muy femenino.
Haizea rebuscó en el armario y encontró una bolsa llena de disfraces. Encontró el que usó cuando tenía nueve años aquel día de carnaval con Cris. Era un vestido de época, mayoritariamente negro pero con una gruesa franja vertical dorada.
-Es increíble que lo guarde todo- Dijo Haizea para si con cara de incredulidad mientras lo admiraba de arriba a abajo.- ¿Me servirá?- Se cuestionó a la vez qe calculaba si cabría ahí dentro- ¡Averigüémoslo!
De repente Haizea se notó llena de energía. Se intentó poner ese precioso vestido. Al principio le costó un poco pero cuando logró su objetivo, corrió hacía el espejo. De repente, se cayó hacía atrás aterrizando en la cama de la emoción ¡Le quedaba perfecto! Todavía le servía pero le quedaba super mini. Un poquito más y ya lo tiraba, sin embargo, le encantaba. Se veía... guapa. Y, por una vez, se veía femenina y a la altura de las demás. Pero le faltaba algo, unos altos tacones dorados. Pss... ni uno.
-Mmm...- A Haizea se le encendió una bombilla en la cabeza. ¡¡SU MADRE!! Para algo tenía llenos cuatro zapateros.
Bajó las escaleras y se desplazó a gatas con ese mini vestido hacía la habitación de sus padres ¡Estaba tan sexy! Llevaba una pequeña linterna en la mano, no quería encender la luz, por si acaso. Entró sin apenas hacer chirriar la puerta y encendió la linterna a la vez que levantaba la lona beis que tapaba uno de los zapateros. Allí dentro había de todo, destacaban un par de zapatos turquesas elegantes con un lazo enorme y un tacón de 9 centímetros. Pero allí no encontró lo que buscaba. Se acercó al siguiente zapatero y levantó la lona. Allí estaban, unos hermosos zapatos dorados con un tacón alto, pero alto. No podía calcular los centímetros que medía. Dejaba el pie al descubierto, pues estaba diseñado para el verano, hecho de tiras brillantes que daban un aire embriagador. Haizea ahogó un grito y agarró los tacones. Apagó la linterna y salió a gatas hacía su cuarto.
Al llegar se probó los tacones. Tuvo bastante suerte al coincidir con el número de pie que usaba su madre. Pero le dejaba los pies a la vista así que penso en pintarse las uñas, ¿pero de qué color?
-¿De qué color pececitos?- Le susurró a la pecera. Y Perla, el pez negro, dio un salto en el agua. Pues de negro, pensó Haizea.
Rebuscó en su maletín haciendo mucho ruido con todo el maquillaje y encontró un bote de pintauñas negro con una etiqueta que ponía: <<Negro ceniza>>. Rápidamente se sentó en la cama y cuando pretendía empezar a embellecer sus uñas, oyó el ruido del chat de Tuenti. Se acercó al ordenador, era Iván, decía: 
-<<L fiesta es a ls 9 en el gimnasio. Yo voy a ser el d l máscara azul metálico con detalls lacads en plata. Ns vems allí>>
-<<OK, nos vemos en 1 hora en la fiesta ;)>>- Tecleó, emocionada, Haizea. Y acto seguido se desconectó de Tuenti para no tener más distracciones. Se sentó de nuevo en la cama y se dispuso a pintarse las uñas. Le uedaron preciosas, pero le tardaron bastante en secar, mientras tanto, se pintó también las de las manos. Ya eran las 20:30 cuando le secaron todas. Le quedaba poco tiempo para terminar de arreglarse así que cogió el maletín de maquillaje y se apresuró hacia el baño. Se puso una sombra de ojos dorada y se pintó los labios del mismo color. Hoy eran sus colores oficiales: Negro y dorado. Después se puso un poco de colorete, se hechó una colonia con aroma a chocolate, máscara de pestañas, se rizó el pelo un poco, le hechó laca y ¡voilá!
Llegaba tarde a la fiesta, de modo que cogió su bolso negro, metió el móvil, la máscara y las llaves. Luego salió de su casa sin avisar a sus padres. Sus tacones sonaban huecos en la acera de la calle. 
Quince minutos más tarde llegó al colegio, se puso la máscara y por encima del pintalabios, un brillo, al igual que la colonia, con sabor a chocolate. Cuando estaba a punto de entrar le sonó el móvil.
-¿Quién es?
-Soy yo, Cris. Tengo una cosa que decirte. ¿Sabes qué hay una fiesta de disfraces en el colegio? ¿Por qué no vamos?
-Eh... bueno...- Dijo Haizea intentando disimular que había ido sin avisar a su amiga.- Pero, Cris, empezó hace media hora y seguramente ya habrán cerrado la entrada.
-¡Qué va! ¡Si acaba de empezar ahora mismo!
-Pero cuando lleguemos ya habrá cerrado- Insitió Haizea.
-No creo. Yo había pensado en ponerme la máscara que usamos hace cuatro años en carnaval.
-Sí, es bonita. Pero mejor nos quedamos en casa, ¿vale?
-Vale...- Dijo Crsitina finjiendo rendirse.
-Chao Cristina.
-Adiós- Haizea colgó rápidamente al oir la despedida de su amiga, sabía lo que tramaba, como si no la conociera, pero no quería preocuparse ahora por eso. Se ahuecó el pelo, guardó su móvil y entró en la fiesta segura de si misma.
Todo estaba lleno de humo de colores y en el aire sonaba la canción de Lady Gaga, Bad Romance. Había varias mesas con comida y bebida. Haizea se acercó a una y se sirvió un vaso de agua. Quería sentirse ligerita. Bebió sorbo a sorbo para no borrarse el pintalabios. Varios chicos se acercaron a ella, la verdad es que iba maravillosa, pero no les hizo mucho caso. Se pasó la mitad de la fiesta buscando a Iván con la mirada. A las 21:45 lo vio entrar a lo lejos y se acercó poco a poco, quería que él la viera. Pero en lugar de eso se acercó a una chica con la misma máscara que ella.
-Siento haber llegado tarde- Le susurró a la desconocida. Ella no respondió- Dime, ¿has visto ya mi regalito?
-Pues la verd..
-Shh...Tranquila, me imagino que te ha gustado- Después de decir esto, Iván le dio un beso a esa chica. ¡Le dio un beso! Haizea lo vio a solo unos metros de distancia. ¿Cómo pudo? Pensaba que le gustaba yo, pensó Haizea. Se le cayeron unas lágrimas de los ojos estropeando a máscara de pestañas, acto seguido salió corriendo de a fiesta sin pensarlo.
Iván le quitó la máscara a esa chica.
-¿Cristina?- Gritó.

martes, 15 de noviembre de 2011

Capítulo 1: El arca de Noé y un pez borrado


Y la mañana soleada llegó. Pese a ser un día de invierno, Haizea comenzaba a prepararse el uniforme con una falda gris, un polo blanco y un jersey azul marino en pico. Se alisó su larga melena, y desayunó con calma hasta que llegó la hora de marchar.
Por el camino se topó con el panadero, que acababa de meter unas cestas en el almacén, y con la nariz manchada de harina, se dirigió a Haizea:
-¡Ey, Haizea! ¡Cuánto tiempo! La última vez que te vi eras como media bagguette.
-Jajaja, sí, Señor Panadero- El panadero Ricardo, era amigo de los padres de Haizea. Ella desde pequeña le llamaba Señor Panadero. Hacía tiempo que no se veían, ya que él había estado muy enfermo y cogió una baja. Haizea era una chica de pocas palabras, una antisocial, pero decidió, que por lo menos, por educación, debía charlar algo con él- ¿Y qué tal se encuentra? –Dijo acercándose, mientras se daban dos besos.
-Ya ves, mejor. –Sonrió.
-¡¡¡Ey, espere!!! –Cristina se acercó corriendo con una moneda en la mano- ¿Puede darme el bollo de crema más reciente que tenga? Llego tarde.
-¿Qué hora es? – Interrumpió Haizea.
-Pues, veamos…Las nueve menos veinte.
-¡¡¡Ay mi madre!!! – Cristina se llevó la mano a la cabeza, Ricardo, de la cesta, sacó dos bollos de crema recién horneados, envueltos en una servilleta –Tomad, uno para cada una.
-Yo no tengo dinero, Ricardo, no me parece justo -Algún adjetivo en el que describir a Haizea; honesta. No le gustaba recibir cosas sin pagar.
-Venga, te lo pago yo- Se apresuró a decir Cristina- ¿Cuánto es, Ricardo?
-Un euro- Respondió él, pues en realidad valía más – Pero dejad, no hace falta, como es mi primer día llevároslo.
-Gracias, Señor Panadero, se la devolveremos- Dijo Haizea cogiendo a Cristina.
Ya eran las nueve menos diez, y las dos muchachas se encontraban ya en la clase de 2º. Sí, ni A, ni B, pues eran tan solo 25 alumnos. La clase estaba dividida en cuatro filas, las chicas ocupaban la primera y la segunda, y los chicos la tercera y la cuarta. Nadie se explicaba el por qué, pero nunca había habido un trato con las personas del sexo opuesto, solo un ‘’Hola y adios’’ por educación.
Pero, Cristina no dejaba de girarse para mirar a los chicos. Haizea, muchas veces, le daba un golpecito en el hombro para que atendiera, pues estaban sentadas juntas.
Y, por fin, la hora de la salida. Los profesores tenían ese toque tan mágico de convertir una mañana en una eternidad, pues ella era despistada y no dejaba de pensar en sus cosas.
Había dibujado en el fichero (zona de Ciencias Sociales) un pez azul.
Haizea saliendo del colegio, cuando se dio cuenta de que una lluvia atroz lo estaba mojando todo. Miró hacia arriba, y se puso la capucha.
Caminaba lo más rápido que podía, mirando al suelo, para no pisar charcos, ya que la salida del edificio y la portería estaba separada por un inmenso jardín. De repente, chocó con algo o alguien, y le hizo perder el sentido de todo. Su fichero cayó al suelo.
-¡Oh, lo siento mucho! – Dijo una voz masculina, no grave del todo, pero singular.
-No…No pasa nada- Haizea se agachó para coger el fichero. De repente vio que no llovía. ¿Qué…? Miró al chico, era Iván, uno de los deseos de Cristina. Él la estaba mirando y abrigando con un paraguas. Su rostro enrojeció un poco.
-¿Se te han mojado los deberes?- Preguntó Iván arrepentido- Lo siento mucho, Haizea- Sus labios pronunciando su nombre, era tan…¿Imposible? Ella estaba como en una nube. Tal vez, como se daba en los casos, era por educación.
-No, creo que no…-Confirmó ella mirándolo todo. No reparó en que le faltaba algo.
-Espera, aquí hay algo. ¿Me sujetas el paraguas un momento? –Preguntó Iván, dándole el mango
-Por supuesto-Dijo ella, tomándolo. Sus manos frías se tocaron, y hubo un silencio enorme. Finalmente Iván se agachó y cogió una hoja, que parecía tener algo
-Es un pez blanco -Aclaró Iván finalmente, volviendo a coger él el paraguas- ¿Es tuyo?
-Era azul, realmente, lo habrá borrado la lluvia…- Sonrió ella tímida, cogiendo la hoja y guardándola.
-¿Te gustan los animales? A mi me encantan.
-A mi también, tengo nueve peces…
La lluvia cesó, Iván cerró el paraguas y se arregló el flequillo.
-Un placer, Haizea. Normalmente no solemos hablar nunca, ni en clase, ni nada.
-Tienes razón, es extraño.
Los dos rieron, y ella se puso algo nerviosa. Su corazón empezó a acelerar lentamente. ¿Qué le pasaba?
-Creo…Que tengo que irme, ya es tarde.
-Hasta otro día.
Ella salió corriendo, y en cuanto llegó al muro, se apoyó suspirando. Miró otra vez el pez, sin saber exactamente cómo había llegado hasta allí, hasta hablar con un chico.
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¡Hasta aquí el primer capítulo! ¿Queréis leer el segundo? Pues poned un siguiente en un comentario :D ¡¡Gracias por leer!!

lunes, 14 de noviembre de 2011

Capítulo Piloto: Haizea.

Era una fría noche de invierno, Haizea vió caer la nieve desde la ventana de su oscura buhardilla. Sentada en la cama, observando en silencio, completamente quieta... Entonces, como señal, para que se centrase un poco y bajase a la Tierra, sonó el teléfono:
-¿Quién es?- Preguntó curiosa, pues le parecía extraño que le llamaran a esas horas.
-Tía soy yo, ¿al final vienes?- Una voz dulce pero a la vez baja habló, como si se estuviese escondiendo de algo.
-No creo, prefiero quedarme en casa- Suspiró.
-Jo... Tía, si tú no vas yo tampoco...
-Pues si quieres puedes pasarte por mi casa
-No creo. Mis padres no me van a dejar-
-Tampoco te dejan ir allí y te vas a escapar de todas formas-
-Ya, pero en tu casa están tus padres de testigos…Bueno, creo que al final voy a ir, ¿Tú qué dices? ¿Short o minifalda?-
-¿¡Con el frío que hace!? ¡Ponte unos vaqueros!-Exclamó Haizea.
-¡¡¡Shhh, loca, que te van a oír!!! Mmm... ¡Shorts! ¡Qué te lo pases bien en casa solita!-Rió burlona su amiga
-Tranquila... Tengo a mis peces.
-¡Adios Haizea, llego tarde!
-Adiós, Cristina, que te lo pases muy bien en tu fiesta para mayores.
Y finalmente sonó el horrible ruido del: Piiii... Piiii..., Haizea colgó el teléfono. Había ocurrido lo que más temía, su mejor amiga, Cristina, acababa de cumplir los 15 años y había decidido dar un cambio a su vida, acabó remplazándola por los chicos. Chicos rubios, morenos, pelirrojos, altos, bajos, guapos, no tan guapos, de ojos verdes, marrones, azules, raperos, skaters... todos le valían a Cristina.
Haizea, es una chica de 13 años, morena con el pelo ondulado, con enormes ojos verdes, labios rosados y muy gruesos, se considera de estatura y peso normal: 1'62 metros de alto, y 46 kg de peso. No le interesaron nunca los chicos, le encanta el chocolate, y es una apasionada de la música. Apenas se relaciona con nadie, y mucho menos con sus padres, ellos no entienden lo que le pasa a su hija, pero últimamente, solo les habla para pedirles favores y decirles cosas imprescindibles, se sube la comida y la cena para su cuarto, y como tiene baño en su habitación, no vuelve a bajar en todo el día, pues en su buhardilla tiene todo lo que necesita:
Un escritorio con ordenador, un armario con un montón de ropa que probarse, un baño propio, un teléfono, una televisión, una cómoda cama y sus queridos peces de colores.
Haizea adora a sus nueve peces:
-Uno azul: Sky
-Dos rojos: Tin y Tan
-Dos grises: Lluvia y Soledad
-Uno amarillo: Estrella
-Uno naranja: Nemo
-Uno negro: Perla
-Uno verde: Klaus
Ella siente que la escuchan, siempre están ahí, para que Haizea pueda ahogar sus penas en ellos. Siempre la apoyan y le dan compañía, nunca la abandonan y lo mejor es que nunca te critican, ella ya está harta de que todo el mundo saque sus defectos a relucir, de que todos la critiquen. Sabe que solo son unos peces, pero los quiere igual, y para ella, son mascotas de igual importancia que un perro. Y se queda en la buhardilla con ellos porque allí se siente segura y aislada; las paredes de tablas de madera le dan sensación de seguridad, es insonora y las escaleras están tapadas por una tabla de madera, pues son de esas de las que hay que tirar de una cuerda para abrir, y eso le da sensación de intimidad, ver nevar cada día por la ventana le da sensación de paz, su teléfono y su ordenador hacen que se sienta en continuo contacto con quien en realidad le importa, pero la gente no lo entiende, y la ven como un bicho raro que se pasa todo el día encerrado.
Después de hablar con Cristina, bajó a la cocina para prepararse un chocolate caliente, cogió su taza favorita, una blanca con un pentagrama y una única nota musical dibujada: Un la. Cuando el chocolate estuvo listo, subió en zapatillas y bata de casa a la buhardilla, saludó a sus padres que estaban en el salón, y ascendió por las escaleras apresurada, pues tenía que terminar un trabajo de clase de tutorías.
-Haber...- Se dijo Haizea para sí- ¿Cómo respondo a esto?
Después de media hora de deberes, lo terminó. Su trabajo era:
•Nombre y apellidos: Haizea Raposo Cifuentes
•Sexo: Femenino
•Edad: 14 años
•Lugar donde naciste: En Buenos Aires, mientras mis padres estaban de viaje.
•Origen de tu nombre: Me pusieron Haizea, sinónimo de viento, para que siempre recordara el sitio donde nací (Buenos Aires, que es sinónimo de Buen Viento).
•Descripción psicológica: …
Haizea dejó la última pregunta sin responder, cerró el libro y se fue a dormir, mañana sería martes, y tenía que levantarse pronto para ir al colegio.
-¡Buenas noches pececitos!- Les dijo a sus mascotas, y después apagó la luz.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Novela: Un La para Haizea

Has entrado en este blog, quizás por casualidad o quizás porque te lo ha recomendado un amigo y ahora te preguntas, ¿dónde está esa novela tan anunciada?
Bueno, pues aquí tenemos la respuesta, en esta entrada está la respuesta a ESA pregunta, pero en cada capítulo de: Un La para Haizea, está la respuesta a muchas más.
La cuestión es, que tras conseguir 5 seguidores por lo menos al blog, y haberlo anunciado un poco, es decir, cuando estemos seguras de que tenemos lectoras, publicaremos el primer capítulo de nuestra novela.
Resumen:
Haizea, una niña de 13 años muy solitaria, con la única compañía de sus peces de colores y que se pasa todos los días encerrada en su buhardilla, empieza una etapa llena de problemas que deberá ir superando poco a poco para, al final...
¡¡Leelo!!
Es muy interesante, tras conseguir bastantes lectores fuera de internet, hemos decidido publicarlo en este blog ( http://unlaparahaizea.blogspot.com ).
Esperamos que os guste, y, ya sabéis, si tenéis ganas de leer pronto el primer capítulo, ¡haceros seguidores!
Y os proponemos una cosa: ¡Alimentad la pecera de Haizea! Si miráis hacia la derecha del blog, veréis diez peces de colores, solo tenéis que hacer ¡CLIK! donde queráis que caiga la comida, ¡y darles de comer! :D
Un abrazo.