-No se si sería una buena idea- Dijo Ainhoa, la madre de Haizea. Estaba sorprendida por la repentina amabilidad de Marina, que unos días antes había llamado a su hija golfa y les había armado una buena.
-¡Oh, si! Insisto. Ainhoa, creo que tú y yo deberíamos hablar. Iván, enséñales a las chicas el cuarto- Ordenó dirigiéndose a su hijo.
-¿¡Cómo!? ¿Vamos a dormir en la misma habitación?- Cuestionó Haizea.
-Lo siento, no tenemos habitación de invitados; pero tranquilas, no será en la misma cama- Dijo quiñándole un ojo a una de las chicas. Las dos madres se dirigieron a la cocina, olvidando todo lo ocurrido días antes entre sus hijos. Es más, parecía que incluso los intentaban emparejar, pero ellos sabían que no era así. Simplemente estaban demasiado confusas con lo que había pasado: Sus dos maridos era gays, estaban juntos desde hacía tiempo y se habían fugado.
-De película- Se le escapó a Sara.
-¿Qué?- Preguntó Iván que no había podido evitar oír su murmullo.
-Nada. Simplemente que a vosotros os pasan un montón de cosas. Parece que vivís en una película.
Haizea e Iván rieron e intercambiaron unas miradas. Sara no lo entendía, ¿qué relación tenían estos chicos? Al rato se odiaban, a los cinco minutos se querían con locura.
Recorrieron el pasillo y llegaron a una habitación de paredes verde alga, llenas de posters y fotografías. Haizea se colocó en el medio e intentó no perder detalle del cuarto de Iván.
-¿Cómo es que hay dos camas?- Preguntó porfin.
-Es de cuando mi hermana Melinda vivía con nosotros. Ya sabéis, la profesora de primero de infantil. Cuando éramos niños dormíamos los dos aquí- Soltó una carcajada- Pero todo era azul con pegatinas de Hello Kitty.
Sara se sentó sobre una cama y con toda la confianza del mundo preguntó:
-¿Dónde duermo yo?
-Tú ahí, con Haizea- Dijo señalando la cama cama de la derecha, perteneciente a Mel.
-¿No duerme Haizea contigo?- Señaló descarada. Iván no respondió, y su prima se giró rapidamente hacia ella con los ojos fuera de las órbitas. Los tres se quedaron callados en silencio durante un rato, pensando en todo y en nada.
-¡¡Se me olvidó llamar a Cristina!!- Gritó Haizea mientras se sentaba en la cama con Sara y se sacaba el móvil del bolsillo. Marcó el número de su amiga y esta le cogió en seguida.
-¡¡Digamelón!!
-¡Criiiiiiiiiiiiiiiiis!
-Oiga, usted se me relaja, señorita, que lo de hoy en el cole al final salió bien- Dijo mientras guiñaba un ojo al otro lado del teléfono.
-No es eso. ¿Puedes venir a casa de Iván?
-¿Ahora? ¿No es muy tarde?
-¡NO! - Gritaron los tres al unisono.
-Vale, vale. Dame cinco minutos- Y colgó sin despedirse.
Estuvieron haciendo un poco el tonto con el ordenador hasta que llegó Cristina. Para su sorpresa venía con Sergio. Que saludó a Iván con un largo "Heeeeeeeeeey".
-Bueno, yo como no tengo novio paso de quedarme aquí rollo parejita- Dijo Sara molesta mientras caminaba hacia el salón. Haizea cerró la puerta y les explicó a Sergio y Cristina lo que había pasado. Su amiga ni siquiera se había quitado su plumax negro y azul cuando Haizea terminó el relato.
-¿Hace frío fuera?- Preguntó Iván al ver sus abrigos.
-¿Qué tramas?- Cuestionó su amiga Cristina recordando los viejos tiempos. Esa mirada la ponía cada vez que iba a construír una casa de madera, a domar ardillas o a fabricar una diminuta ciudad con bellotas. Es decir, cuando se le ocurría algún plan. Aunque en esos momentos estaba resentida y no le emocionó tanto como antes.
Todos cruzaron las piernas al estilo maya y se sentaron encima de la cama de Iván. Él les explicó que podrían ir a buscar a sus padres fugitivos, dio por seguro que estarían en el bosque. Era a donde su padre iba siempre cuando su madre se ponía muy quejica. Por un momento le invadío la idea de que su padre y el de Haizea llevaran un tiempo de amantes viéndose allí a escondidas. Pero le repugnó y la apartó de su atril de pensamientos para seguir contándoles el plan: Sara no se podía enterar.
-No te ofendas Haizea, pero tu prima se chivaría.
-No me ofendo, se chivó de lo nuestro- Dijo con una mueca.
-¿¡Lo vuestro!?- Exclamó Sergio que al parecer todavía no sabía nada. -¿Es que estáis?
A esta pregunta respondieron los dos a la vez. Podrían haberse puesto de acuerdo para responder "So" o "Ni", pero en cambio, Haizea respondió "No" e Iván respondió "Si". Se miraron y comenzaron a discutir animadamente sobre la respuesta del otro. Apenas se entendía una sola palabra de lo que decían. Todo era un caos hasta que Cris pegó un grito.
-Chicos, basta ya. Tenemos que preocuparnos de otra cosa. ¿Cómo no se va a dar cuenta Sara de que no estáis?
-Fácil, nos iremos cuando todos duerman. Tiene el sueño profundo- Dijo Haizea con una sonrisa pícara.
-Aún así, Cris tiene razón. No debemos arriesgarnos- Iván cogió su teléfono y empezó a rebuscar en la agenda. Escogió el número de su hermana Melinda, y le explicó todo lo que pasaba. Ella casi se desmaya al enterarse de que su padre tenía un amante, y que aún por encima era un hombre. Finalmente, aceptó lo que le pedía Iván: Que viniera a casa a pasar la noche y controlara a Sara asegurándose de que no sabía ni se enteraba de nada.
Sergio y Cristina se fueron a sus respectivas casas, lo que nadie sabía es que habían quedado a las doce y media en la entrada del bosque. Al ver que la parejita se marchaba, Sara volvió a la habitación, aunque no tenía muchas ganas de ver como Iván y Haizea tonteban.
-Bueno, ¿qué? ¿Nos ponemos el pijama?- Dijo con un punto de indiferencia en la voz al entrar.
-Vale- Haizea sacó su pijama de la pequeña maleta que traía y se quedó un rato en silencio. Al ver que su chico (Sí, sabe que no es lo adecuado pero le encanta llamarle así) no reaccionaba le dijo:
-Iván, ¡fuera!- Él lo entendió al momento: las chicas se iba a cambiar, y él era un chico. No podía quedarse ahí. Cuando ellas terminaron, él no quiso cambiarse con la excusa de que estaba cómodo. Vieron un rato la tele, cenaron y jugaron al monopoli intentando olvidar lo de sus padres mientras Marina y Ainhoa se tomaban numerosas infusiones en la cocina. Un chirrido muy cercano se escuchó en toda la casa.
-Llega a tiempo para conocer a su cuñada- Bromeó Sara, divertida, por lo bajo.
-¡Meeel! ¡Mi vida!- Gritó Marina levantándose a abrazar a su hija, que acababa de entrar. La familia de Haizea no terminaba de creerse que fuera tan cariñosa. Quizás lo de la otra vez fue un descuido...
-¡Mamá!- Madre e hija se fundieron en un abrazo de verdadero amor y preocupación.
-Cariño hacia mucho tiempo que no te veía. ¡No te imaginas lo que pasó!- Exclamó la veterinaria llevándose una mano a la cabeza.
-Si es por lo de papá, ya me contó Iván. Señorito con el que tengo pendiente hablar- Lanzó una mirada de complicidad a su hermano pequeño. Haizea sonrió, le caía genial Melinda, era muy dulce, sincera, amable... ¡y guapa! Por el contrario, a Marina no le gustó nada que su hijo hubiera contado su "versión" de la historia y lanzó una mirada en plan: ¡A tu cuarto!
No hizo falta que lo dijera para que el chico y las dos bellezas lo entendieran. Iván cogió a Haizea de la mano y tiró de ella hacia la habitación. Sara se puso entre los dos. No soportaba verlos juntos. Mientras tanto, Mel se fue a la cocina con las madres, que seguían trangándose decenas de infusiones. Ya sabía lo que tenía que hacer.
Se hacia de noche...
Una sesión de tuenti y cotilleos sirvieron para que Sara cogiera el sueño, y por desgracias, Haizea también estaba cansada. Iván aprendió mucho sobre la gente del colegio escuchando a las dos primas. ¡¿Cómo pueden estar tan enteradas de todo?!
El chico siempre había odiado a los cotillas, pero esa noche le empezó a coger gustillo.
-Niños, apagad la luz- Ordenó la "arisca-dulce" y "malvada-amable" veterinaria abriendo la puerta.
Ellos hicieron caso inmediatamente, esperando que Sara pronto se durmiera.
Dieron las doce y media de la madrugada cuando por fin se rindió al sueño. Haizea avisó a su amigo entre susurros (Si bien se le podía llamar amigo. ¿Amigo o novio? ¿Amigo especial?). Y él llamó a Sergio, que llamó a Cristina.
De alguna forma, los cuatro consiguieron escaparse de sus casas y llegar a la entrada del bosque.
-¡Lo hemos conseguido!- Exclamó Cristina, emocionadísima por lo que acababan de hacer.
-Shhh... no grites- Susurró Sergio tapándole la boca.
-¿Porque? Estamos lejos de casa. ¡¡PODEMOS GRITAR TODO LO QUE QUERAMOS!!- Señaló Haizea, divertida y elevando la voz.
Los cuatro hicieron un coro y decidieron que llegarían juntos al corazón del bosque. Luego se separarían: Sergio y Cristina irían hacia el claro y Haizea e Iván a la casa en ruinas. Donde el padre de Ivan solía ir a pensar y a pintar.
Caminaron y caminaron en la oscuridad. Si el asunto no hubiera sido tan serio habrían atormentado a Haizea asustándola continuamente. Pues estaba oscuro y los arbustos se movían; quizás eran animales que correteaban de noche en busca de comida. Se oía el ulular de los búhos entre los árboles. Los cuatro chicos estaban muertos de miedo y por ellos corrían divertidos escalofríos intentando atormentarlos aún más.
Por fin, llegaron al corazón del bosque. Muy a su pésame, se separaron.
Iván no aguantaba un minuto más tanto terror; de modo que cogió a Haizea de la mano y corrió como si su vida dependiera de ellos esperando llegar cuanto antes a la casa donde supuestamente estaban sus padres. Corría cada vez más rápido y Haizea se tropezaba sin poder seguirle el ritmo. Y cada vez más y más rápido. Se adentró entre la maleza y los árboles, alejándose del camino. Y por allí siguió corriendo, sin saber exactamente hacia donde iba ahora, pero prefería cualquier cosa al silencio del bosque y los extraños ruidos entre la vegetación. Y, como de costumbre, si uno corre sin mirar donde pisa, se acaba cayendo.
Y allí estaba, Iván en el suelo. Haizea se le precipitaría encima dentro de unos segundos. ¿Qué hacía? ¿Se apartaba? ¿Dejaba que se cayera sobre él? Levantarse y agarrarla no daría tiempo.
Se inclinó por separarse, pero lo decidió tarde. Solo logró apartar una pierna y Haizea besó el suelo con la mitad de su cuerpo, mientras que su cara, calló cerca de la del joven.
Él no pudo resistirse y la besó. Los dos sintieron que este era un beso de verdad, un beso de amor verdadero. Haizea, que hasta ahora rechazaba la idea de salir con él, lo decidió. ¡Se quedaba con su chico perfecto, Iván!
Un estruendo inundó sus oídos y se separaron bruscamente.
¡¡Estaban al lado de la casa en ruinas!!
-Que oportuno, ¿no?- Señaló Iván sonriendo.
-Supongo...- Haizea se sonrojó, tan tímida como siempre.
-¡Están ahí!- Exclamó Iván apartando la vista de su "nueva" novia y dirigiéndola a la casa. Tapó con un brazo a la joven, que se paró en seco. Él se apresuró a escondidas hacia la puerta de la casa. Allí estaban, su padre y el de Haizea.
Con un grito de guerra saltó sobre Lucas. Un puñetazo se precipitó sobre su cara.
Patadas, puñetazos, empujones, gritos. Haizea estaba histérica. Su novio y su padre se estaban peleando. En ese momento llegaron Cris y Sergio. La valiente chica rubia se metió entre los dos gritando.
-¡¡¡¡ALTOOOO!!!! PARAD, NO OS MOVÁIS- Pero ellos seguían peleando a muerte.
-¡Estáis locos!- Exclamó, llorando, Haizea. Justo entonces, Iván empujó a Lucas sobre el pilar central de la casa, y este, en ruinas, cedió e hizo caer la casa sobre todos ellos.
El padre de Iván consiguió salir de entre los escombros y sacar a su hijo, a Haizea y a Sergio. No fue capaz de sacar ni a Lucas, ni a Cristina, que tenía la viga más grande sobre ella. Llamó a la ambulancia, que vino seguida de la policía, con Sara, Mel, Marina y Ainhoa. Al parecer Melinda no había logrado ocultarlo todo y Ainhoa había llamado a la policía para buscarles. En cuanto la hermana de Iván vio lo que habían echo, se arrepintió de haberles ayudado. Pues era demasiado grave lo que habían echo.
Un equipo de bomberos salió de la ambulancia y se adentró entre los escombros.
A los veinte minutos habían sacado a Lucas y Cristina, pero, estaban inconscientes.
Los ingresaron en el hospital. Iván fue ingresado en un reformatorio por el lío que había montado, le cayó un año; cosa que destrozó a Haizea, a Mel, a Marina... a todos en general. Lucas despertó a los pocos días de ser ingresado, pero Cristina... no despertó...