Haizea

Haizea, nuestra protagonista, es una chica de 14 años, que entra en una etapa llena de problemas.

martes, 6 de diciembre de 2011

Capítulo 4: ¡Prohibido prohibir!


-¿Qué pasa chicas?- Respondió Ainhoa, la madre de Haizea.
-¡Nada mamá!- Se apresuró Haizea, pero era demasiado tarde. Sara nunca se hechaba atrás.
-Oh, si que pasa tía, he visto a Haizea hacer una cosa- Soltó Sara con malicia y haciendo muchas pausas para hacer esperar a su prima.
-¿Qué cosa?- Ainhoa frunció el entrecejo. Haizea lo vio, eso siempre es mala señal. Empezó a preocuparse.
-Verás tía, hace unas semanas, al salir del colegio, Haizea hizo algo que creo que deberías saber.
-Sara, no me tengas más en ascuas, ¡dímelo ya!- Gritó su madre mirando a Haizea con mala cara.
-Vale Ainhoa, voy al grano. ¡Haizea se besó con Iván!- Ainhoa se escandalizó, miró a Haizea y apunto de reventar la cogió del brazo y la llevó a la entrada. Le tiró el móvil a la basura y luego le dio el teléfono fijo.
-¡Llama ahora mismo a Cristina!- Le gritó. Haizea marcó el número de Cris muerta de miedo.
-¿Si?
-Cris, cielo, soy Ainhoa, la madre de Haizea.
-¡Hola! Dime...
-¿Puedes venir un momentito a casa?
-¿Para qué?
-Tú pídele permiso a tus padres y ven.
-Vale, en breves estoy allí.
-¡Gracias cielo!
Fueron a la cocina. Hubo un largo silencio, insoportable para Haizea, irritante para Ainhoa y vengativo para Sara. A Haizea le sudaban las manos, Sara le lanzaba miradas de venganza, Ainhoa miraba al suelo enfadada y Lucas, el padre de Haizea, entraba en la habitación.
"Estoy más que muerta", pensó. Su padre con ese tema era muy duro. Sería cruel con Haizea. Le quitarían el ordenador, el teléfono fijo, el derecho a salir por las tardes...
Lucas entró con su traje de abogado y en seguida se paró en seco.
-¿Qué pasa aquí?- Dijo con tono amigable mirándolas de reojo a las tres.
-Nada cariño, que nuestra hija ya está en edad de besarse con chicos.
-¡Qué dices Ainhoa! ¡Ella no podría hacer eso!- Ainhoa miró a Sara, como señal para Lucas. Él también la miro, Sara asintió con la cabeza y Cristina irrumpió en la sala.
-¡Hola! ¿Qué pasa? ¿Por qué tenía que venir?- Se asustó al ver a toda la familia reunida en silencio.
-Tenemos que hacerte una pregunta muy seria- Gruñó Ainhoa con voz de profesora malhumorada.
-¿Cuál?- Preguntó nerviosa pero a la vez curiosa.
Haizea comenzó a rascarse la nuca nerviosamente, mirando a Cristina. Temía lo que se le venía encima. No recordaba muy bien lo que había hecho ni por qué, pero Había sido una falta grave. ¡Ella era la primera en decir que no quería tener novio, ni nada por el estilo!
-Oid, ¿va todo bien? - Preguntó Cristina nerviosa. Y otra vez ese incómodo silencio.
-Verás, Cris...- Comenzó Lucas- ¿Notas a Haizea rara estos días?
-¿Cómo...? ¿Rara?-Cristina comenzaba a extrañarse. Sí, su mejor amiga estaba bastante rara esos días, pero no acababa de entender por qué ella estaba así y por qué la habían llamado. Miró a Haizea, como buscando una explicación.
-A ver...Sé que va a ser duro de asimilar, cariño...-La familia entera se iba por las ramas, y a Cristina le mataba la curiosidad. Y como no, salió Sara, y comenzando con muy mal pie para Cristina.
-Veamos, Cristi...-Mal. Muy mal. Cristina odiaba que le llamasen así, era algo que le mataba por dentro- Haizea se ha besado con Iván el otro día.
-¿¡Cómo!? ¡Haizea!- Exclamó Cristina abriendo los ojos.
-¡Fue un error! ¡Ni él ni yo queríamos!- Intentó excusarse, y había llegado el momento que si temía en realidad; ella, con el amor imposible de Cristina.
-No, no me refiero a eso- Y todo dio un vuelco- A mi también me besó el otro día, en una fiesta.
-Lo sé, lo vi.
-¡Pero Haizea! ¿Tú en una fiesta? ¿Qué fiesta?- Y Sara metió más leña al fuego.
-Pe-Pero, ¿qué fiesta?- Lucas comenzaba a tartamudear.
-Una que hubo en el colegio, papá.
-Supongo que sabes que estás castigada...Y quiero hablar con ese tal Iván- Se apresuró Ainhoa, y obligó a Haizea a coger el teléfono otra vez-Llámale.
-Mamá...No me sé su número- Dijo, la sinceridad se asomaba por sus ojos. No sabía como había terminado en eso, y parecía un sin fin.
-Pues coges la agenda escolar, que sé que tienes todos los números- Ordenó.
Haizea tragó saliva. ¿Qué pensaría Iván de ella? ¿Cómo la castigarían?
Cogió la agenda y busco despacio con el dedo.
-I... Ignacio, Iria, Irina, Iván....
-¡Llámale!- Gritó su madre dándole el teléfono. Haizea marcó el número, esta vez más despacio que el de Cris. Se lo pasó a su madre.
-¿Si? ¿Quién es?- Haizea ahogó un grito. No era la voz de Iván, era su madre, Marina, la veterinaria.
-Hola, ¿eres la madre de Iván?
-Si, ¿quién llama?
-Soy Ainhoa. La madre de Haizea. Iván y ella van a clase juntos.
-¡Ah si! Ya sé... ¿Qué ocurre?
-Verás, me han llegado rumores de que Iván se ha besado con Haizea.
-¿Quéeeee? Disculpa, esto hay que hablarlo con más calma. ¿Podéis venir un momento al veterinario?
-Sin ningún problema Marina. En unos minutos estamos ahí.
-¡Gracias! Hasta ahora.
-¡Hasta ahora!- Ainhoa colgó el teléfono- Poneros los abrigos, vamos al veterinario.
Haizea y Cristina se miraron y se dieron la mano. Se pusieron los abrigos y bajaron, en silencio. Sara incluso se arrepentía de haberse chivado, puesto que por la calle, todos les miraban. A Haizea se le caían las lágrimas, Lucas la arrastraba del brazo, Cristina la consolaba y Ainhoa iba enfadada con la cabeza gacha. Llamaban la atención y todos se giraban. Sara no soportaba ser el centro de atención, al menos, no de esa forma.
Minutos más tarde llegaron al veterinario. A Haizea y Cristina les latía el corazón a doscientos por hora. Marina esperaba en la puerta, dejando a un perrito de las praderas desatendido. Agarraba a Iván de la manga de su chaqueta, igual que Lucas a Haizea.
-Muchas gracias por venir. Tienen que dar muchas explicaciones- Dijo Marina con un tono muy serio.
-¡Y tantas qué tienen que dar!- Gritó el padre de Haizea empujándola hacia delante.
-¿Cómo es eso de qué os habéis besado?- Preguntó Ainhoa.
-Bueno, en realidad yo... yo... yo no... es decir, sí, nos besamos- Masculló Haizea.
-¿Es cierto eso Iván?- Preguntó Marina.
-No- Haizea y Cristina se escandalizaron, Sara se lo esperaba.
-Aquí tenemos a alguien que dice que si, y a alguien que dice que no. ¿Me lo explicáis?
-Mamá, yo no le besé.
-¡Oh! Iván, si que le has besado, y tengo una prueba en mi móvil- Sara desenfundó el móvil de su funda verde y empezó a teclear. Unos segundos después les mostró el móvil a los padres. Había una foto de Haizea e Iván besándose bajo la nieve. Sin duda, eran ellos.
-Yo solo le veo una solución- Dijo Lucas en alto. Haizea se impacientaba, ¿cuál sería la solución?
-Creo que estamos pensando lo mismo- Dijo Marina mirándole a los ojos. Ainhoa les leyó la mente.
-¡¡No podéis volver a veros!!- Grito la madre de Haizea.
-¿Qué? ¿Pero por qué?- Gritó Haizea. Iván parecía indiferente. Tanto le había suplicado para que le perdonara y ahora, no parecía importarle. Haizea deseaba pedirle explicaciones.
-¡¡¡Haizea!!! Esto es muy grave. Sois muy jóvenes, Iván tiene 14 años y tú 13. En mis tiempos las cosas no eran así. En mis tiempo no te ponías tacones hasta los dieciocho, no se te ocurría tocar la barra de labios hasta los diecisiete y no besabas también hasta esa edad. ¡Bueno! Y por no hablar de los novios, no se podían tener novios serios hasta los dieciocho; pero veo que esto a cambiado mucho. ¡Vais muy mal por ese camino! ¡¡Sois unos niños!! ¡¡Unos niños!!- Soltó de golpe Marina haciendo muchas señas con las manos. ¡Qué pelmazo de tía! Ahora entendía que Iván lo negara todo; le esperaba otro discurso en casa de todas formas.
Los padres charlaron sobre lo sucedido, muy indignados, un rato más. Más tarde se fueron a sus casas, les dejaron despedirse, puesto que sería la última vez que hablaran en mucho tiempo. Iván no dijo nada, "como siempre", pensó Haizea.
Una vez en casa subió a la buhardilla con Sara, llorando.
-¡Cómo me has podido hacer esto!
-Haizea, sabes que yo siempre cumplo lo prometido. Sabes que conmigo no se anda con juegos- Haizea lloró mucho más tiempo más, mientras Sara le dedicaba frases alentadoras; pero no se animaba. Cuando se fue quedando sin lágrimas, cayó en la cuenta de que el pez blanco no se movía.
-¡Oh Dios mío!- Gritó mientras se levantaba a sujetar su pecera- Debemos llevarlo al veterinario.
-¿Ahora? ¿Crees qué sería buena idea ir allí después de lo sucedido? Marina estaba muy indinada.
-Tienes razón, esperaremos unos días a ver si se recupera. Todavía come, pero nada más.
Haizea y Sara se pusieron el pijama y se metieron en la cama.
Los días siguientes pasaron lentos. En el colegio todo era muy incómodo, pero, el viernes, Haizea vio algo sospechoso en Iván. Tocaba el recreo, ya llevaban un tiempo en el patio.
-¿Qué hora es?- Le preguntó Sara a Sergio, el chico de segundo.
-Solo quedan diez minutos.
-¡Vale gracias!- Dijo mientras Sergio se alejaba con un balón de fútbol.
-Haizea, ¿cómo está el pez?- Preguntó Cris.
-Ha empeorado, creo que hoy voy a llevarlo al veterinario.
-Pero...
-Me da igual, prefiero pasar un mal rato antes que jugar con la vida de un ser- Le interrumpió.
-Vale, ¿quieres que te acompañemos?
-No, si tengo la oportunidad de hablar con Iván, quiero hacerlo sola.
-De acuerdo, pero, si necesitas algo, nos tienes a tu disposición- Aclaró Sara.
-¡¡Niños!! ¡A clase!- Gritó la profesora. Todas corrieron hacia la fila, pero no sin pasar antes por el baño a beber.
Aquella misma tarde, Haizea cogió al pez y se puso de camino al veterinario. No se iba a engañar, estaba muy nerviosa y se imaginaba lo peor. Cuando llegó, se sorprendió al ver la cara de Marina. Con ojeras y muy enfadada. Se le hacía rara la idea de pensar en una veterinaria antipática. Haizea esperó en la fila. Cuando llegó su turno, Marina se mostró muy seca.
-¿Qué le pasa?- Le preguntó con un tono bruto.
-No lo sé. Come pero no se mueve.
-Eso es fácil, está deprimido. Dale estas Flores de Batch- Dijo mientras le lanzaba un botecito- ¡Siguiente!
"Vaya tía más rara. Ni siquiera me ha explicado cuanto le tengo que echar, ni como, ni cuando..."¡Pum! Un choque interrumpió sus malintencionados pensamientos. Había chocado con Iván. Se levantó, y le miró; él también la miró, ninguno se atrevió a articular palabra hasta que irrumpió Marina.
-Ejem...Golfa, te vas sin pagar- Haizea aún no se había ido, y Marina lo había dicho en alto. Iván levantó la vista con los ojos muy abiertos.
-Pe...Perdone, ¿qué me ha llamado? - Preguntó, intentando no entender nada.
-Te he llamado lo que eres- Marina se puso algo chulita. Iván se había acercado- Tú lárgate.
-Pues que sepa que no voy a pagar hasta que me diga la cantidad que le tengo que dar, cada cuanto tiempo y cuantos días.
-Mamá...Creo que te estás pasando- Interrumpió Iván tartamudeando.
-¿¡Perdona!? ¡Eres mi hijo! ¡Tienes que defenderme siempre!- Marina sabía que tenía las de perder. Enganchó a Iván por la oreja mientras se tapaba con la bata.
-Échale 2 gotas en el agua cada día con el cuentagotas.
-De acuerdo- Dijo Haizea, y después de eso, dejó un billete de 20 euros en la mesa. No sabía cuanto podía costar, pero era lo que tenía, y no quería meterse ahora en problemas de dinero también. Haizea se propuso salir de allí a paso firme; Iván intentó agarrarle del brazo pero Marina lo frenó.
-¡Tú! Ven aquí niño ¡Niño que eres un niño!- Todos en el veterinario les miraban fijamente, pues, como decía, es triste la idea de una veterinaria tan mala.
Haizea procuró no salir corriendo para no mostrar que tenía ganas de romper a llorar. Al llegar a casa le echó al pez las Flores de Batch, que más que una medicina, eran un remedio natural contra depresiones, cansancio, mal humor...
Después llenó la bañera, tenía ganas de relajarse; le echó sales de baño e hizo un montón de espuma. Se sumergió en el relajante baño con olor a sales minerales y se durmió. Al rato llegó Sara, entró en el baño y la vio dormida. La despertó. Haizea le contó todo lo que había pasado.
-Haizea, ¿por qué tienes que estar atada a Iván? Me refiero, ¿por qué no conoces a otro?

sábado, 3 de diciembre de 2011

Capitulo 3: Un pez a la lluvia.

Iván no podía creérselo. ¿Qué hacían Haizea y Cristina con la misma máscara? Se apartó bruscamente lo más rápido que pudo, y se giró. Cristina no lo acababa de entender muy bien.
-Oye, Iván, ¿te pasa algo?- Preguntó ella frotándole la espalda con cariño.
-¡Suéltame! ¿Qué estás haciendo, Cristina? – Apartó su mano con brusquedad.
-Ah, pues no sé. ¿¡Primero me besas y ahora me chillas!? ¿¡Pero tú de qué vas, tío!?-Cristina cruzó los brazos. Sin entender muy bien la situación, empezó a atacar a Iván- O sea, que soy un objeto para ti con el que te puedes divertir. O es eso, o eres bipolar, colega. Por que no me parce muy lógico lo que acabas de hacer-Chilló apuntándole con el dedo índice la espalda. Iván se giró molesto, y gritó a los cuatro vientos todo cuanto pudo.
-¡¡¡NO QUERIA BESARTE A TI, ESTÚPIDA!!! –Y apartó a Cristina de un brusco empujón. Todo el mundo los estaba mirando. Ella se sonrojó y fue corriendo al baño, donde empezó a llorar. No lloraba por tristeza, lloraba por la rabia de haber besado al chico que le gustaba, y que éste después le hubiese tratado tan mal. Lloraba de impotencia.
Mientras tanto, llovía. Haizea había recogido el regalo misterioso de la taquilla; un pez blanco, blanco como el de su dibujo.
Haizea se encontraba ahora por las calles. Estaba desabrigada y llorando. No era capaz de asimilar lo que Iván había hecho, y menos con su mejor amiga. A lo mejor todo había sido una burla suya, para darle falsas esperanzas.

Cuando llegó a casa, abrió silenciosamente la puerta, y subió haciendo le mínimo ruido. Se metió en la ducha, tenía que aparentar dar señales de vida, o sus padres y su prima sospecharían.
Sí, su prima. Sara, una chica dos meses menor que ella. Eran tan parecidas que solían confundirlas, por eso tampoco llegaba a creer que fuese una confusión de Iván. ¿Confundirle con alguien rubia? ¡Tenía que haberlo notado en la voz!
Se puso el pijama, ya eran las diez. Subió a su buhardilla, donde Sara usaba el ordenador.
-Hey- Saludó Haizea, intentando aparentar que era feliz- ¿Cómo va todo?- Sonrió.
-Bien- Respondió secamente Sara. No se llevaban ni bien ni mal, eran indiferentes cariñosamente.
-Esto…¿Llevas mucho tiempo en el ordenador?- Preguntó Haizea nerviosa.
-No, acabo de llegar. ¿Lo estabas usando?- Sara se giró. A Haizea le dio tiempo a pensar que se parecían muchísimo. Suspiró aliviada
-No, déjalo, úsalo tú, voy a darle de comer a los peces- Sonrió y bajó a la cocina a por comida para los peces.
Cuando subió otra vez ya con la comida de los peces, sonó una melodía lenta de piano, muy familiar para ambas chicas.
-Te suena el móvil.- Le dijo Sara.
Haizea rebuscó en el bolso lo más rápido que pudo. Era una llamada. Era un número desconocido, sería para alguna promoción.
-¿Sí, digame?- Preguntó ella, con su inocente voz.
-¿Dónde estás? ¿No has ido a la fiesta? –Iván. Era él. Haizea no sabía qué hacer. Su prima estaba allí, y quería soltarle todo.

Haizea se soltó el pelo nerviosa
-¡Claro que fui! Pero tú estabas demasiado entretenido como para fijarte- Insinuó.
-¿Có…como?- Preguntó Iván.
-¿Desde dónde estás llamando?- Preguntó ella. Tenía su número, pero era desconocido esta vez.
-¿Y eso a que viene? Es más, ¿a qué te referías antes?- Intentó disuadir el tema como pudo.
-Sí, si que viene, y no te pienso decir nada más hasta que me respondas.
-Haizea, ¿qué pasa? - Preguntó Sara, que se había puesto de pie asustada.
-Un momento- Cortó la disculpa de Iván, donde decía que le llamaba desde una cabina- Nada, un amigo, que está viciado a un juego virtual-Intentó mentir. Hizo un ademán con la mano para que le disculpase un momento, y fue al baño a hablar- Lo vi. Vi lo que hiciste. Me tenías delante. Podías haber dicho algo- Respondió ella.
Iván tartamudeaba cualquier disculpa, mientras ella hacía círculos con los ojos- Buenas noches, Iván, que descanses- Dijo secamente, y colgó el teléfono.

Abrió la puerta del baño, y Sara estaba allí, con una expresión seria.
-¿Quieres hablar?- Sonrió comprensiva.
-No, estoy bien. Como ya te he dicho, ha sido solo un juego-Haizea intentaba ocultar su enfado, pero era incapaz. Rompió a llorar cuan volcán. Sara le abrazó, y fueron a la buhardilla.

-Sara, me gustaba un chico…Un poco. Y éste ha besado a mi mejor amiga, en mis narices…- Contó sin detalles, entre sollozos.
-Oh…Lo siento mucho, Haizea…Ya verás, que si el destino quiere, os juntará. Sara acarició la cabeza de Haizea, que estaba sobre sus rodillas.

Decidieron por acuerdo mutuo apagar el ordenador y deshacer la maleta de Sara, que pasaría con sus tíos unos meses, ya que sus padres estaban ambos fuera del país por negocios.
A la mañana siguiente, Haizea caminaba con Sara hacia el colegio. Sus tios, los padres de Sara, ya habían hablado con el director del centro sobre un traslado de un momento a otro. Las dos caminaban con el paso decidido y con el uniforme puesto. Realmente, le quedaba bien a las dos.
Haizea suspiró antes de entrar al edificio, era miércoles. Aún le quedaba bastante tiempo para el fin de semana.
Sara le sonrió, y tiró de ella. Al llegar a clase, la primera hora tenían tutorías con la tutora, así que decidieron hacer la presentación de Sara.
Haizea llevaba todo el día evitando a Iván y a Cristina. Cristina intentaba evitar a Iván y arreglar las cosas con Haizea, e Iván intentaba evitar a Cristina y solucionar todo con Haizea.
En la hora de recreo, Haizea estaba sola. Miraba una descuidada y vieja finca a través de una verja. Alguien se puso a su izquierda observándola también.
-¿Cuántas veces debo disculparme?
Haizea sonrió con sarcasmo, y se giró hacia la voz.
-Tú no tienes que disculparte, Iván. En absoluto. ¿Por qué? Si conmigo no va el tema. ¿A mi que me importa que andes con Cristina? ¡Sed felices!- Y dicho eso, se giró para irse, pero Iván le agarró el brazo.

-Haizea, por favor, escúchame. Déjame al menos intentar explicarte el por qué.
-No hay nada que explicar, Iván.- Y dicho eso, se fue hacia un patio cubierto, donde estaba Cristina. Haizea se desvió hacia la puerta de los baños, pero Cristina ya estaba detrás de ella.
-¿Y tu prima?-Intentó suavizar la conversación.
-Está con los de tercero, jugando al baloncesto- Dijo secamente.
-¿Estás enfadada?- Preguntó Cristina.
-¿Yo? ¿Enfadada?- Haizea exageró la voz.
-Sí, te noto dolida, sufriendo.
-¿Sufrir yo? ¿Por qué? ¿Se ha ido internet?- Dijo irónica. Tocaba plástica, y la profesora ya había llamado a la fila.
Cristina quedó callada, nunca había visto a Haizea así.

Ya era la hora de irse a casa. Haizea caminaba con Sara, eran las cinco de la tarde y habían ido al comedor. Quedado en ir al veterinario, ya que el nuevo pez blanco no probaba bocado desde que lo había recogido.
‘El Karma , Haizea, esto es el Karma’ Se repetía una y otra vez.
Comenzó a llover. Pasaban justo por el porta, así que Haizea subió a por el pez, que estaba en una pecera a parte, más pequeña y solo, y a por un paraguas.
Cuando bajó, le sonó el móvil, era una melodía triste de violín; un mensaje.
‘Haizea, m he ido al parke, por qe llovía mucho y no tenia el paraguas a mano. Stoy sperandote en los recintos d patinaje.
1 Bso.
Sara . ‘
¡Perfecto! Su prima le había dejado sola. Para colmo, se había olvidado el paraguas y había comenzado a nevar. ¡Qué cabeza la suya! Nada más salir del portal, corriendo, tenía el pelo empapado, hasta que de repente, notó como la nieve cesaba.
-Hola.
Haizea levantó la mirada. Era Iván. Abrigándole con el mismo paraguas que la primera vez. Le tenía tan cerca que no podía enfadarse con él.
-Hola.
-¿Sabes que el agua de la lluvia no es buena para un pez?-Sonrió.
-Sí…¿Qué haces aquí?
-Quería explicarme.
-Te he dicho muchas veces que no hace falta, que seais felices.
-No quería besarle a ella.
-No, que va. Y ahora me dirás que este pez es un marciano.
-Pensé que eras tú.
-¿Qué?
-Tal y como me describiste la máscara, pensé que eras tú, Haizea.
-Ya…Pero eso lo dices ahora. No fue lo que dijiste antes.
-Entonces creo que sé la manera perfecta para arreglar esto-
Iván cogió la pecera con sumo cuidado. En su mano derecha estaba el paraguas, y en la izquierda la pecera. Haizea no comprendía lo que hacía. ¿Iba a hacer malabares?
En un momento, este se inclinó y le besó. Ella cerró los ojos, ahora sabía lo que era estar en los mundos de Yupi, literalmente.

-¡Haizea!
Ambos se separaron y se giraron hacia donde provenía la voz. Era Sara.
-¡Vamonos a casa ahora mismo!- Y sin aclarar nada más, cogió a Haizea del brazo, y le quitó bruscamente la pecera.
Una vez ya en el piso, y en la buhardilla, Sara comenzó un discurso que tenía demasiado bien preparado.
-¿En qué pensabas?
-Sara, no he sido yo.
-Ya lo sé, ha sido él. No es por ti, es por mi…Bla bla bla.
-¿En qué piensas tú ahora?
-En decírselo a la tia.
-Sara, no he sido yo, no me puedes hacer esto- Haizea comenzó a temblar.
-Puff…No sé…Solo hay una manera de que yo no se lo diga a la tia.
-¿Cuál? – Preguntó Haizea, creyendo en una esperanza.
-Son varias en una; que no te vuelvas a ver con Iván, y que hagas exactamente todo lo que yo diga.
Haizea empalideció, pero así hizo. Habló con Iván explicándole las condiciones de Sara. Los dos se habían abrazado, y lloraban en silencio.
Semanas... Y pasaron tres semanas desde que Haizea cumplía las órdenes de Sara. La mayoría eran de ‘Tráeme aquí, llévame allí, hazme esto de aquí'. La primera no afectó a Haizea, puesto que se hablaba con Iván por mensajes, pero su prima los pilló y también se lo prohibió. La segunda se fue acostumbrando pero la tercera se hartó de las ordenes de Sara y, un día, reventó.
-¡No pienso dejar que me mangonees así! ¡Somos primas!- Y es que era demasiado fuerte lo que Sara le pedía. Que le cogiese el mando de la televisión cuando ella estaba a pocos centímetros. Estaba en el sofá, y se levantó.
-Muy bien, tú lo has querido, ‘prima’. Ahora comprobarás que iba en serio.
-¡Sara, no, espera!- Intentó arreglarlo Haizea.
Sara se apartó el pelo de la cara, y con una sonrisa chilló:
-¡¡¡TIA!!!