-Sara, no entiendo... a mi me gusta Iván.
-Sí, y a Bob Esponja le gusta Arenita, pero como ella no le hace caso él está abierto a otras relaciones- Dijo Sara con un tono sarcástico.
-Ya... pero... quiero decir... yo... él...
-¡Tú y él no podréis estar juntos! Haizea, os lo han prohibido. No tienes excusa. Además él no te hace caso, te ha olvidado.
-Vaya Sara, que optimista- Dijo Haizea levantando la cabeza y lanzándole una mirada de guerra.
-Haizea, yo quiero que veas la realidad. Si te haces ilusiones te hará daño.
-Pero yo confío en él.
-¡Basta! Haizea, no tiene excusa. ¡Es un cerdo!- Dijo Sara levantándose y poniéndose histérica. Haizea se calló. Sabía que su prima no aceptaría ningún intento de defenderlo. Ella volvió a sentarse y se quedaron un rato en silencio, con la mente en blanco, o por lo menos, eso parecía. Un rato después llamaron para cenar y cuando terminaron se metieron en la cama sin decir palabra.
-Ya... pero... quiero decir... yo... él...
-¡Tú y él no podréis estar juntos! Haizea, os lo han prohibido. No tienes excusa. Además él no te hace caso, te ha olvidado.
-Vaya Sara, que optimista- Dijo Haizea levantando la cabeza y lanzándole una mirada de guerra.
-Haizea, yo quiero que veas la realidad. Si te haces ilusiones te hará daño.
-Pero yo confío en él.
-¡Basta! Haizea, no tiene excusa. ¡Es un cerdo!- Dijo Sara levantándose y poniéndose histérica. Haizea se calló. Sabía que su prima no aceptaría ningún intento de defenderlo. Ella volvió a sentarse y se quedaron un rato en silencio, con la mente en blanco, o por lo menos, eso parecía. Un rato después llamaron para cenar y cuando terminaron se metieron en la cama sin decir palabra.
A la mañana siguiente Haizea se levantó confusa. Por fin era viernes; cuantas cosas habían pasado en menos de una semana. Ahora, cuando pensaba en Iván no se veía a ella feliz, contenta y enamorada. Veía lo que siempre había pensado de los chicos; que cuando te enamoras toda tu vida se basa en él y acabas amargada y completamente dependiente de tu novio... Eso en cierto modo, es verdad.
Decidido. Haizea volvía su idea inicial: Pasar de los chicos.
Al fin y al cabo, el consejo de Sara no había sido tan malo. Aunque, ella no le había dicho exactamente que pasara de los chicos, si no que pasara solo de Iván. Es extraño, a Sara nunca le había importado ver a su prima sufrir. Tampoco es que le gustara, simplemente no le importaba lo que le ocurriera a Haizea. Muy extraño. ¿A qué venía esa repentina lástima por la joven? Bueno, eso no era ahora lo prioritario; y si Sara no le había dicho que ignorara a los hombres... Mmm... ¿por qué no probar con uno más?
-Será el último hasta mi mayoría de edad- Se prometió a si misma Haizea. Era un reto descabellado pero ella estaba dispuesta a cumplirlo. Se levantó de la cama y despertó a Sara, se vistieron, desayunaron y nada más terminar salieron disparadas de casa al colegio.
Por el camino, Haizea pensaba con qué chico coquetear... ¿Manuel? No, anda metido en bandas chungas. ¿David? Jamás, es un orgulloso y un chulo. ¿Juan? Un guarro. ¿Simón? Ni loca, tiene la mente de un niño de 4 años. ¿Sergio? Es simpático, gracioso y en la sección de "Futuro" del expediente imaginario de Haizea no estaba la pegatina: "Directo al manicomio" o "Futuro delincuente".
-Sí, Sergio está bien- Se le escapó a Haizea con un tono amigable. Enseguida se dio cuenta y se ruborizó; ojalá Sara no lo hubiera oído. Pero lo oyó, y no pudo evitar saber lo que la joven pensaba. A Sara se le escapó una sonrisa.
-Así que te gusta Sergio, ¿eh? No está mal. No tiene pinta de loco ni de delincuente juvenil- Dijo Sara con un punto de sarcasmo en la voz, aunque en realidad hablaba muy en serio.
-No me gusta Sergio- Mintió Haizea apartando la mirada de su prima y evitando volver a encontrarla. No se dio cuenta y se llevó la mano a la trenza.
-¡Señal de enamoramiento!- Gritó Sara mientras echaba a correr. Pues había visto a Cristina a lo lejos y, además de querer llegar de primera a su lado, intentaba escapar de los reproches de su prima.
Ya estaban las tres reunidas y aún no habían empezado a caminar de nuevo. Ahora empezaba la típica charla de: Hola, ¿qué hiciste ayer y blablabla...? Pero en lugar de eso se callaron las tres. Sara se acercó a Cristina.
-A Haizea le mola Sergio- Le susurró al oído. Cristina se quedó pálida, inmóvil... hasta que por fin logró reaccionar.
-¡No no no! Haizea e Iván forever- Dijo histérica mientras dibujaba un corazón en el aire.
-Eso ni hablar, Iván es el pasado, un pasado de epidemias, enfermedades mortales y hambrunas. El futuro es Sergio- Medio gritó Sara mariposeando con las manos.
-Sí, es el futuro, ¡pero no el de Haizea!- Exclamó Cristina alzando los brazos.
-¿Qué?- Preguntó Haizea confusa. Que hasta ahora no había intervenido en una conversación que iba sobre ella.
-Nada, no me hagáis mucho caso. Tengo un mal día- Susurró la joven agachando la cabeza.
Siguieron caminando. Hablaron de un montón de estupideces pero no volvieron a mencionar el comentario de Cristina. En el recreo, no la encontraban por ninguna parte. Finalmente la encontraron hablando con Sergio y riéndose con él en uno de los bancos cubiertos. Al verlas salió disparada hacia ella y convirtió su alegre carcajada en una risa falsa.
-¿Qué hacías con él?- Preguntó Haizea con tono inocente.
-Ejem.. Em... Estaba averigüando cosas- Se pasó las manos por la falda; alisándosela- ¡¡El futuro marido de mi mejor amiga no puede ser un desconocido para mí!!- Dijo nerviosa.
-Ya...- Reprochó Sara con un tono que rebosaba desconfianza. Sergio ya se escabullía del banco pero ella lo vio y, tan llena de fuerza y amor propio como siempre, le gritó:
-¡Eh, tú! ¿Piensas qué te escapas? ¡Eres el cerebro de esta operación! ¡¡Ven aquí ahora mismo!!- Él se acercó despacio, parecía que tenía miedo de que la embriagadora y exótica prima de Haizea le diera un par de bofetadas muy merecidas.
-¿¿Qué... qué pasa??
-¡Cómo si no lo supieras, chaval!- Se puso las manos en la cintura- Explícanos de qué hablabais tú y la señorita Cristina.
-¿Señorita Cristina?- Gritó Haizea exageradamente. Todos ignoraron su comentario, había demasiada tensión en el ambiente. De los cuatro jóvenes, dos de ellos deseaban que se terminara el recreo, y otros dos deseaban tener una linterna y un cuarto oscuro para apuntarles a la cara con la luz.
-Cristina, ¿qué te pasa con Sergio?- Formuló Haizea harta ya de que todo el mundo la ignorara cuando esta conversación le importaba, especialmente, a ella.
-Chicas, ¿podemos hablar en privado?- Sara y Haizea se miraron y entendieron lo que Cris intentaba decirles. Asintieron y fueron al baño de chicas. Se apoyaron al grifo.
-¡Empieza a hablar!- Exclamó Sara apuntando a Cristina con la mano, fingiendo que agarraba un cuchillo.
-A ver... chicas... yo llevo... un tiempo...
-Arranca el motor y date prisa. Pronto se acabará el recreo.
-A ver, que llevo un tiempo saliendo con Sergio en secreto.
-¡¿Qué?!- Grito Haizea extendiendo los brazos a lo largo de su cuerpo y separándose de ellas.
-Haizea, no te enfades ya se que te gusta pero...- Suplicó su amiga.
-¡No! A mi no me gusta Sergio. ¡Por Dios! Solo iba a conocerlo. Una persona no me puede gustar así sin más. Porque haya dicho: Ahora me va a gustar Sergio. ¿Estáis locas o qué? Cristina, yo no estoy enfadada porque salgas con él. Estoy enfadada porque no me lo has dicho.
-¿Secretos entre amigas?- Una cuarta voz se unió a la discusión. Un chico se había asomado a la puerta del baño femenino. Haizea rogó en silencio para que no hubiera oído nada. Pero al girarse las tres chicas, su melena se deslizó hacia el hombro derecho y sus ojos salieron disparados de las órbitas: Era Iván. Sara sonrió, no lo pudo evitar.
-Aquí no hay ningún secreto Iván, largo- Dijo Cristina con tono despectivo.
-Vale, solo venía a...
-¡Tú no venías a nada!- Le interrumpió Haizea.
-Yo creo que sí.
-¡No!- Gritó Cristina- No nos metemos en tus asuntos, pues no te metas en los nuestros.
-Es que, en este caso, vuestros asuntos son mis asuntos.
-¿A si? ¿Qué ha pasado, niño?- Dijo Haizea cambiando de postura y lanzándole una mirada asesina. Más que asesina, de desearle una muerte lenta.
-Pues que la clase subió hace quince minutos.
Haizea y Cristina abrieron los ojos y se asomaron a la puerta. Efectivamente, el patio estaba vacío y solitario. Una planta rodadora podría pasar por allí y ellas ni se inmutarían. Sara, en cambio, volvió a sonreír. Era extraño, con esa clase de fuerza vital y confianza en si misma que tenía, no le había gritado ningún insulto a Iván ni había dado ninguna orden en esos últimos minutos.
Las dos chicas salieron disparadas del baño. Sara vaciló un poco pero al ver que corrían, corrió tras ellas.
-¡Esperad!- Gritó Iván. Las tres jóvenes frenaron en seco. Sus melenas volvieron a cambiarse de hombro. Ahí estaban, tres bellezas españolas a la espera de un castigo. Eran como una caja de bombones surtidos, las tres distintas, las tres hermosas.
-¿Qué pasa?- Dijo Cristina. Con el mismo tono despectivo de siempre hacia el traidor.
-Que quiero ir con vosotras.
-¡Oh! Ni hablar. Tú a cuatro metros- Iván alzó las manos. Como un preso que se entrega a la policía y, a merced de las tres chicas. Obedecía todas sus órdenes como un perrito faldero. Dio unos pasos para atrás.
-¡Más!- Dio tres pasos más- ¡Más!- Dio un paso más- ¡Así! Quédate donde estás.
Se dispusieron a recorrer el inmeso colegio para llegar a su clase.
Cristina, Haizea y Sara iban hablando cuando Haizea recordó lo blanda que se había mostrado antes su prima. Pero lo prioritario ahora era el tema de Sergio y Cris.
-Cristina, ¿por qué no me dijiste lo de Sergio?- Logró preguntarle asegurándose de que Iván no lo oyera. Aún tenía esperanzas de que no se hubiera enterado de nada en el baño.
-Verás, no se lo dije a nadie, ni siquiera a ti porque me daba vergüenza...
-¿Vergüenza? ¿Por qué?- Preguntó Sara.
-Chicas, miradme. ¿En serio creeis que yo debería estar con él? Ni siquiera es guapo, no pasa de mono.
-¿Y qué? El amor triunfa por encima de todo- Dijo Sara alzando un poco la voz. Ambas le hicieron entender que se callara, Iván podría oírle. Fue una sorpresa para todos que Sara hubiera dicho eso. Haizea, pensó que era buen momento para sacar el otro tema.
-A propósito, Sara. Antes te noté muy callada. No insultaste a Iván, ¿ya le has perdonado?
Sara bajó la cabeza y no dijo ninguna palabra. Estaban a punto de entrar en clase y pensó que así ahorraría tiempo. Cuando estaban a unos pasos de la puerta, Cristina dijo con voz de entusiasta:
-¿Secretos entre amigas?